En el capitulo noveno de la serie de animación japonesa, Neon Genesis Evangelion, se desarrolla una escena admirable: La misión que le habían encomendado a dos niños (Asuka y Shinji), fue un completo desastre. Los pequeños pilotos se increpan, inculpándose uno al otro, mientras tanto, el comandante no entiende como derivó a esas criaturas la misión de sostener su propio honor. Los amonesta imperiosamente ¡Nerv –les dice- no existe para dar estos tristes espectáculos! Esa reacción insospechada, de aquel señor que siempre se había mostrado mesurado frente a ellos dos, provoca que ambos se paralicen. Asuka pregunta luego a otro mayor ¿por qué se había ofuscado tanto el comandante Fuyutzuki? Kenji le contesta: “A los adultos no les gusta que los humillen”.
Esta lucida diferenciación que hace Kenji, respecto de la esencia de la adultez y la infancia, que se articula por intermedio del ridículo o la humillación, merece a mí entender, una mayor examen.
Cuando los discípulos disputaban respecto de cuál sería el más grande en el reino de los cielos, Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de ellos y dijo: “si no os volvéis y hacéis como los niños, no entraréis al reino de los cielos”
En la madurez existe una “inocencia domesticada” que denominamos: seriedad, protocolo e incluso Honor. Sin embargo, la única posibilidad de evolución se contempla por medio de “la capacidad de contemplar el Ridículo”. Asimismo, con la madurez, nos espanta la posibilidad de cambio, y cuando lo observamos en nuestro prójimo lo censuramos por medio de la burla.
Mi amigo Martín, goza de un Alma rebelde. Su apetito no lo supo saciar ninguna de las disciplinas que abordó ávido. Su peregrinar sobre esta tierra, conoció la educación Técnica, lo sedujo el "metal" de las tendencias más “heavies”, completó estudios terciarios de música, y últimamente se había esforzado para conseguir un estilo de vida capitalista burgués, el cual consiguió rápidamente, gracias a su buena calificación en el competitivo mundo laboral. Sin embargo, actualmente, su vida, volvió a dar una revolución de 360º. Decidió buscar refugio en la religión para contener las efusiones de su espíritu. Lamentablemente, aquellos que lo conocemos reaccionamos escépticos frente a este cambio de su personalidad. Acostumbrados a observar con que rapidez mudaba su idiosincrasia, no nos detuvimos a apreciar que estas variaciones de la conducta, son a esta instancia, propias de una búsqueda inagotable de evolución.
En un barrio cualquiera de la Argentina, un muchacho le recrimina a su amigo que ingresó a la policía federal: “Vos ya no sos igual..” ¡Y yo recuso!: claro que no es igual, porque en el mínimo margen de posibilidades de cambiar, que suelen tener esos chicos, uno de ellos se permitió trascender su condición. Y en esta búsqueda solo se pierde el que se fanatiza y enloquece intolerante, o el que se domestica petrificándose en un triunfo vetusto.
Don Miguel de Unamuno, en su libro Del Sentimiento Trágico de la Vida, desarrolla el siguiente pensamiento: “... los que ponen el pensamiento sobre el sentimiento, yo diría, la razón sobre la fe, mueren cómicamente, y mueren trágicamente los que ponen la fe sobre la razón…” Como si fuera una divina venganza, son los burladores los que mueren cómicamente. Pongamos por caso un Herodes agonizante, asediado por todos los herederos que ansiaban sucederlo pronto, murió consumido por la peste, hediondo en su tálamo y repudiado por todos. Toda su gesta, temida durante su vida, no dejo más que un oprobió para toda la humanidad. En esta misma línea recuerdo una hermosa anécdota de la opereta de Alejandro Dolina, Lo que me Costó el Amor de Laura. Allí, el protagonista comenta que en una esquina se encontró con “los hombres sabios”. Estos se presentan elucubrando sus fabulosas ideas modernas y “la muerte” que es el personaje que escucha al protagonista, se ríe, en una ironía fatal y cómica, de ellos, de nosotros y de toda la Ciencia.
Asimismo, para los burlados, parece estar deparada la nobleza de la tragedia. Mi amigo (Martín) en este momento se bate, frente a una fuerte corriente. Muchos de aquellos que lo conocieron, y hablaron con él antes, hoy no le creen y lo presionan para que vuelva a ser el mismo que fue (como le pasaba al pibe de barrio unos párrafos antes). Lo mismo que los apóstoles cuando Jesús les dijo: “Mirad que yo os envió como ovejas entre los lobos” y los mandó a evangelizar la ciudades de los impíos. Del mismo modo, mi amigo teme la mirada inquisidora de aquellos que lo van a juzgar por lo que fue, como si fuera indicio de madurez del hombre, adoptar una sola ideología y sostenerla caprichosamente ¿Por qué? ¿Acaso por temor al ridículo?
Sin embargo, esa licencia que se dan los niños en el ridículo, es el medio del que se han servido las personalidades mas admirables de la historia humana, para trascender su propia disciplina. Pongamos por caso al propio Jesús de Nazaret, que habiendo nacido Judío y no conforme con esa vida tranquila, permaneció silencioso ante la gresca que lo coronaba con espinas humillantes, y fundó una religión nueva del Amor, que es salvación de todos los desdichados de este mundo. Y Pongamos por ejemplo un Gandhi, que habiéndose graduado de abogado y no conforme solo con esa vida tranquila, prefirió servir con el ayuno y la oración a su pueblo, transformando para siempre la concepción de la guerra, que había sido entendida, como principio y fin de las sociedades humanas. O pongamos por caso un Ernesto “Che” Guevara, que habiéndose recibido de médico y no conforme solo con esa vida tranquila, fue por Latinoamérica cumpliendo sueños de liberación, y hoy es ejemplo para los espíritus indómitos de Revolución. Pongamos además, por caso, un John Lennon, que siendo beatles y teniendo su vida económicamente asegurada, un día se acostó en una cama blanca, y se dio la oportunidad de trascender su propia carrera de músico, aún ante la sorna de todos aquellos que se mofaban de ese espectáculo, sin embargo, él alcanzó en vida, a adherirse en la causa de Mahatma Ghandi en favor de la Paz mundial. Unamuno (siendo él mismo un ejemplo de ministerio), nos ofrece inclusive, el ejemplo de Don Quijote de la Mancha, que repite la misma formula sagrada. “Don quijote –Dice Unamuno- se puso en ridículo, ¿pero conoció acaso el más trágico ridículo, el ridículo reflejo, el que uno hace ante sí mismo, a sus propios ojos del alma? Convertid el campo de batalla de Don Quijote a su propia alma, ponedle luchando en ella por salvar a la Edad Media del Renacimiento, por no perder su tesoro de la infancia; haced de él un Don Quijote interior y decidme de la tragedia cómica”.. “Y qué a dejado Don Quijote, diréis. Y os diré que se ha dejado a sí mismo y que un hombre vivo y eterno, vale por todas las teorías y por todas las filosofías”. Prosiguiendo con su indeclinable genialidad, Don Miguel de Unamuno se da el lujo de añadir a la mitología del famoso hidalgo un final redentor. “Murió aquel Don Quijote -dice Unamuno- y bajó a los infiernos, y entró en ellos lanza en ristre, y libertó a los condenados todos, como a los galeotes, y cerró sus puertas y quitando de ellas el rótulo que allí viera el Dante, puso uno que decía: Viva la Esperanza! y escoltado por los libertados, que de él se reían, se fue al cielo. Y Dios se rió paternalmente de él, y esta risa divina le llenó de felicidad eterna el alma.
Con esto Amigo, solo quiero entregarte mí bendición, para que continúes en esta formidable búsqueda. El “ridículo” del que van a acusarte, es la clave del “primero en el reino de los cielos”. Asimismo, no voy a censurar un solo recaudo (los cuales son proferidos para vos, y para mí también): Jamás te “cases” con ninguna verdad, por convincente que parezca, aprende a amar también el misterio, porque es infinito. Nunca señales con un dedo, porque son tres los que te apuntan a vos. No quieras sacar la paja del ojo ajeno, sino ves la viga que hay en el tuyo. Es un error que los hombres midamos nuestros semejantes por sus errores, porque de este modo no existen desafíos importantes en la vida; procura abordar al prójimo desde sus virtudes, entonces encontraras una escalera para tu crecimiento. Nunca sientas envidia, porque a los mortales, en este corto lapso del tiempo, no nos pertenece nada. Lo que sí, no olvides ni por un solo instante: admirar este regalo de conciencia, que nos Dan, para entender que somos Los Hijos De Dios.
* A mí entrañable amigo y hermano de vida, Martín Ruiz.
lunes, 29 de enero de 2007
domingo, 21 de enero de 2007
A la manera de un Aristófanes *
A la manera de un Aristófanes contemporáneo, Casciari ejerce en esta sociedad globalizada el mismo oficio que el insigne comediógrafo ofreció a la polis helénica.
Su ejercicio apunta a desenmascarar la más profunda vulgaridad en la que se asientan las bases de nuestras sociedades modernas; lo mismo que el Griego, advirtió que la estupidez se disfraza con rostro serio, y por eso se espanta cuando la risa viene a descubrirla desde ridículo. Su servicio es reaccionario, y recuerda la celebre introspección de Sócrates, cuando afirmaba de sí mismo, ser el tábano encargado de picar las honrosas ancas del corcel Ateniense, para que éste ultimo no se duerma.
Hoy Hernán Casciari, nos sorprende con otra creación, hija de aquel vapuleado género satírico. A mí juicio, el mejor homenaje que podemos retribuirle sus lectores, es motivarnos al debate que es justamente el objetivo de esta sección de comentarios. Borges estimaba que, la única crítica plausible es aquella que presupone una obra nueva. Siguiendo esta premisa desarrollo la siguiente reflexión:
Como observó alguna vez Alejandro Dolina, los estupidos suelen ser mucho más firmes en sus convicciones, que los espíritus reflexivos. Quizás por eso -supongo yo- nos convencen a tantos, de apoyarlos en sus disparates. Justamente el juego del sarcasmo en este artículo, sirve para revelar el último objetivo que esconde el modelo social actual, como ideal de vida. Y la necedad que incurrimos transmitiendo estos mismos “valores” inocuos, a las generaciones venideras.
El verdadero dilema se presenta, una vez develada la intrascendente realidad a la que nos hemos esclavizado ¿qué posición adoptamos frente a ese conocimiento? Cuando se nos permite la posibilidad (iba a decir responsabilidad) de elección. Por un lado podemos mantenernos en esta imposible dialéctica del consumismo, sentenciados a acumular reliquias, y encontrar en ese comercio, un fin de vida. U optar por la otra, la difícil, la que falta en el artículo que hago referencia, la Revolucionaria. Justamente esto es lo que estimo necesario exponer en este extenso comentario.
Vivo en Argentina. Hace tres años trabajo en la Administración Pública, la continua desidia de los gobernantes nos han sumido en un triste catalogo de derrotas. En mí trabajo, los empleados que pretendamos quedarnos aquí, tenemos dos salidas: la combativa, o la verdaderamente revolucionaria que sería encontrar otro objeto de adoración donde asentar los nuevos “valores” sociales. La experiencia del primer método nos sirve para entender los patéticos resultados. En mi país, cuando efectivamente logramos (tras violentas negociaciones), alguna mejora en nuestros sueldos, enseguida la inflación nos acomoda de nuevo en la desesperación.
La idea (no se equivoquen), no es resignarse a la pobreza. Sino utilizar este ejemplo y el de Cassiari, que juntos enfrentan dos realidades extremas de un mismo modelo económico-social, para desafiarnos a iniciar un cambio radical.
Propongo apenas: una sociedad llena de desafíos capaces de insuflar de vida el espíritu, que admire los progresos de la cultura, donde nadie se contente con una lujosa ignorancia. Propongo apenas: rescatar los preceptos Apolineos en el trabajo de nuestras creaciones diarias, y el servicio de Cristo para nuestras relaciones con el prójimo.
Hegel entendió que el fin humano es el reconocimiento del prójimo. En esta misma línea, yo creo firmemente que el objetivo detrás de cualquier riqueza, no es el dinero por sí mismo, sino lo que buscan en lo mas recóndito de su corazón aquellas personas que amontonan lujos, es la atención de los seres que aman y admiran. Cuando le preguntaron a Gabriel García Márquez por qué escribía, él contestó: “para que me quieran”. ¿Por qué no animarse entonces a desviar el prisma que fija nuestra atención en la vulgaridad de la usura? Empecemos a fijar la admiración en la autosuperación, en la cultura, en el trabajo, en las artes, en la familia, alejémonos de la envidia que impide recoger el fruto precioso de nuestras interrelaciones humanas. ¡Aquellos que tienen interés por las cuestiones del espíritu que oigan!
Ahora que hacemos usufructo de las ventajas informáticas de éste siglo; ya no habrá que trasladarse mas hasta Alejandría. Donde busquemos la información esta ¿Por qué sentenciarnos a la esclavitud de las “tendencias”? Ser ignorante hoy, es la primera elección estúpida.
Yo jamás entraré a Dolce & Gabanna, pero atesoro palabras del Buda y de Cristo, ustedes juzguen cual es el patrimonio que prefieren, y quieren legar a sus hijos. Yo sé que hubo testimonio de una sabiduría que aún hoy, es la clave y el ápice del género humano. El rey que me aborde en un discurso, comprenderá que mi cetro es de otro mundo. El de las generaciones venideras, de las que procuro ser luz y faro…
* Esta reflexión prefigura como comentario del articulo de Hernán Casciari "Las Paranoias del Nuevo Rico" publicado 16 de enero, 2007
Su ejercicio apunta a desenmascarar la más profunda vulgaridad en la que se asientan las bases de nuestras sociedades modernas; lo mismo que el Griego, advirtió que la estupidez se disfraza con rostro serio, y por eso se espanta cuando la risa viene a descubrirla desde ridículo. Su servicio es reaccionario, y recuerda la celebre introspección de Sócrates, cuando afirmaba de sí mismo, ser el tábano encargado de picar las honrosas ancas del corcel Ateniense, para que éste ultimo no se duerma.
Hoy Hernán Casciari, nos sorprende con otra creación, hija de aquel vapuleado género satírico. A mí juicio, el mejor homenaje que podemos retribuirle sus lectores, es motivarnos al debate que es justamente el objetivo de esta sección de comentarios. Borges estimaba que, la única crítica plausible es aquella que presupone una obra nueva. Siguiendo esta premisa desarrollo la siguiente reflexión:
Como observó alguna vez Alejandro Dolina, los estupidos suelen ser mucho más firmes en sus convicciones, que los espíritus reflexivos. Quizás por eso -supongo yo- nos convencen a tantos, de apoyarlos en sus disparates. Justamente el juego del sarcasmo en este artículo, sirve para revelar el último objetivo que esconde el modelo social actual, como ideal de vida. Y la necedad que incurrimos transmitiendo estos mismos “valores” inocuos, a las generaciones venideras.
El verdadero dilema se presenta, una vez develada la intrascendente realidad a la que nos hemos esclavizado ¿qué posición adoptamos frente a ese conocimiento? Cuando se nos permite la posibilidad (iba a decir responsabilidad) de elección. Por un lado podemos mantenernos en esta imposible dialéctica del consumismo, sentenciados a acumular reliquias, y encontrar en ese comercio, un fin de vida. U optar por la otra, la difícil, la que falta en el artículo que hago referencia, la Revolucionaria. Justamente esto es lo que estimo necesario exponer en este extenso comentario.
Vivo en Argentina. Hace tres años trabajo en la Administración Pública, la continua desidia de los gobernantes nos han sumido en un triste catalogo de derrotas. En mí trabajo, los empleados que pretendamos quedarnos aquí, tenemos dos salidas: la combativa, o la verdaderamente revolucionaria que sería encontrar otro objeto de adoración donde asentar los nuevos “valores” sociales. La experiencia del primer método nos sirve para entender los patéticos resultados. En mi país, cuando efectivamente logramos (tras violentas negociaciones), alguna mejora en nuestros sueldos, enseguida la inflación nos acomoda de nuevo en la desesperación.
La idea (no se equivoquen), no es resignarse a la pobreza. Sino utilizar este ejemplo y el de Cassiari, que juntos enfrentan dos realidades extremas de un mismo modelo económico-social, para desafiarnos a iniciar un cambio radical.
Propongo apenas: una sociedad llena de desafíos capaces de insuflar de vida el espíritu, que admire los progresos de la cultura, donde nadie se contente con una lujosa ignorancia. Propongo apenas: rescatar los preceptos Apolineos en el trabajo de nuestras creaciones diarias, y el servicio de Cristo para nuestras relaciones con el prójimo.
Hegel entendió que el fin humano es el reconocimiento del prójimo. En esta misma línea, yo creo firmemente que el objetivo detrás de cualquier riqueza, no es el dinero por sí mismo, sino lo que buscan en lo mas recóndito de su corazón aquellas personas que amontonan lujos, es la atención de los seres que aman y admiran. Cuando le preguntaron a Gabriel García Márquez por qué escribía, él contestó: “para que me quieran”. ¿Por qué no animarse entonces a desviar el prisma que fija nuestra atención en la vulgaridad de la usura? Empecemos a fijar la admiración en la autosuperación, en la cultura, en el trabajo, en las artes, en la familia, alejémonos de la envidia que impide recoger el fruto precioso de nuestras interrelaciones humanas. ¡Aquellos que tienen interés por las cuestiones del espíritu que oigan!
Ahora que hacemos usufructo de las ventajas informáticas de éste siglo; ya no habrá que trasladarse mas hasta Alejandría. Donde busquemos la información esta ¿Por qué sentenciarnos a la esclavitud de las “tendencias”? Ser ignorante hoy, es la primera elección estúpida.
Yo jamás entraré a Dolce & Gabanna, pero atesoro palabras del Buda y de Cristo, ustedes juzguen cual es el patrimonio que prefieren, y quieren legar a sus hijos. Yo sé que hubo testimonio de una sabiduría que aún hoy, es la clave y el ápice del género humano. El rey que me aborde en un discurso, comprenderá que mi cetro es de otro mundo. El de las generaciones venideras, de las que procuro ser luz y faro…
* Esta reflexión prefigura como comentario del articulo de Hernán Casciari "Las Paranoias del Nuevo Rico" publicado 16 de enero, 2007
lunes, 15 de enero de 2007
El Saludo de los Dos Tigres
Con el tiempo la experiencia te agudizó el instinto, hasta que pudiste hacer usufructo de aquel derivado de las celebres reflexiones de Foucault: “Saber es poder”. Fuiste develando la oscura red de intereses que tan poco tenían que ver con ese nobilísimo compromiso de trabajo con el que ingresaste a esta Empresa. Ahora incluso te podes reconocer en la ingenuidad de otros, que están siendo utilizados por el mismo “poder” de turno.
El aprendizaje suele ser fruto del dolor. Por eso mismo, es posible dar por sentado, que aquel desdichado que ves allí desgarrado, ahora domina alguna forma de la sabiduría, que ignoraría siempre enquistado en el triunfo. Siguiendo esta rara lógica, el desengaño de aquella utopía inicial, fue el alimento que requirió tu espíritu para consolidar tu personalidad. Alguna vez me confesaste, que fueron esos valores de carácter ético, los que te posibilitaron mantenerte lejos de la trampa y la corrupción. Esos mismos valores que te fueron predicados desde la cuna, un día atentaron contra aquello que habías construido con todo el esfuerzo del trabajo. Los “corruptos” te propusieron prosperar a costa de asociarte a su causa infame. Pero la tentación de estos nuevos “fariseos”, no derribó la piedra angular que habían puesto tus parientes, y pudiste despreciar la coima manteniéndote firme en la dignidad de la resistencia.
Todo esto es el exiguo resumen de una serie interminable de sucesos que tuvieron que ocurrir para que ayer en ese auto me hicieras una pregunta; la cual no conteste porque no iba dirigida a mí, sino a vos mismo, a las bases esenciales de tu conciencia. “..¿Me pregunto -dijiste- si llegado el día en que yo detente el poder, tendré la fuerza de voluntad que se requiere para resistir la tentación de la coima, y la presión frente a los intereses, o en cambio me volveré un ser despreciable igual que ellos?..”
Lo mejor de recorrer este proceso de descubrimientos, es la calidad de algunas de las personas que se encuentran en el camino. Vos no escapas a ese corto número de seres asombrosos. Lo mismo que Juan el Bautista, asentando las bases para que la palabra pudiera ser dicha, vos dispusiste las condiciones para que nosotros dos, existiéramos en el mismo lugar donde hubiéramos sido despreciados en otro tiempo. Por eso es justo que me atreva a responder con sinceridad, lo que pensé (y calle por respeto) en ese momento:
De principio sé que no es el dinero lo que puede tentar tu espíritu, sino el incuestionable ansia de cumplir tu destino humano, cómo conductor de hombres. La experiencia de los años te posibilitó descubrir la receta, por medio de la cual “los injustos” detentaron el poder históricamente. Hoy, ese conocimiento instiga para que recurras a esa misma formula que arrogan tus antagonistas. Sin embargo estoy seguro, que de nuevo deben prevalecer tus valores primigenios, y asentar sobre ellos una gloriosa forma de gobierno que te sirva para trascender. En cambio, si llegado el día, eliges la tradicional senda de los “traidores”, entonces tu destino es el del olvido y la muerte. Por eso mismo de que “.. el hombre arriesga la propia vida cada vez que elige, y solo eso lo hace libre..”. Vos viniste, para ser puesto frente a una encrucijada de dos caminos. El primero es posible a los ojos de cualquier mediocre; el otro es arduo y abundante en retos, pero es probable que te inmortalice. Aun estas lejos de ambos, pero es bueno que tu corazón este presto, porque vos sabes, y yo sé que todo lo que anuncio es verdadero.
Entonces no faltará el que diga de vos, lo que Rubén Darío dio testimonio que era usanza comentar entre los intelectuales, sobre nuestro insigne poeta Almafuerte: “... dicen que es un hombre que huye de las exhibiciones, del trato de las “gentes” , de las mascaradas elegantes y de los círculos melosos, Que no ocupa un puesto digno de su talento, porque sufre la anquilosía moral que le impide inclinar el espinazo delante de nadie; que se ha aislado enemigo de las hipocresías ciudadanas; que se ha dedicado al cultivo intelectual de los niños … ; que su carácter es bravío y aserrado; que adora sus ideales con un hondo fervor; que ama a los pobres y a los pequeños, y que tiene la fe de su fuerza y el orgullo viril de su talento. No hay duda ¡loco, loco de remate! …”. Entiéndase cuando se alude a la locura, aquella valiente manifestación del alma, que vas a requerir para sobreponerte a la perorata de “los injustos”. Estos últimos desconocen que la muerte se ríe de los hombres sabios.
Retomo la quijotesca arenga de mi discurso para confesarte la verdadera razón que lo origina. Además de servir como homenaje de lo que hemos construido por el esfuerzo de nuestro trabajo. Quiero dar testimonio de la tristeza que me causaría, si envuelto en los avatares de la suerte, vos truncaras tu camino grandioso, y escogieras en cambio la vía de los infames.
En cambio, te desafió a revelarte con actitud revolucionaria, asentando las bases de la justicia y la meritocracía, que es campo de cultivo de la virtud. El primer paso a ese objetivo lo vas a lograr expiando los demonios del rencor, que te atan a la figura de aquellos personajes siniestros que te dañaron con su traición. Sin embargo, aunque no lo veas ahora, desde afuera es evidente que esta acción impide que te individualices por encima de ellos.
Los próximos pasos los desconozco, solo entiendo que no sería ninguna idea feliz, apartarte de nuestros ideales. Porque es indicio de virtud que hallas confiado en nuestro estilo atípico, cuando nos escogiste para trabajar con vos. Y sería grave pronostico de los venideros tiempos, que te separes de nosotros, porque juntos llevamos la voz cantante y la luz del sol.
El aprendizaje suele ser fruto del dolor. Por eso mismo, es posible dar por sentado, que aquel desdichado que ves allí desgarrado, ahora domina alguna forma de la sabiduría, que ignoraría siempre enquistado en el triunfo. Siguiendo esta rara lógica, el desengaño de aquella utopía inicial, fue el alimento que requirió tu espíritu para consolidar tu personalidad. Alguna vez me confesaste, que fueron esos valores de carácter ético, los que te posibilitaron mantenerte lejos de la trampa y la corrupción. Esos mismos valores que te fueron predicados desde la cuna, un día atentaron contra aquello que habías construido con todo el esfuerzo del trabajo. Los “corruptos” te propusieron prosperar a costa de asociarte a su causa infame. Pero la tentación de estos nuevos “fariseos”, no derribó la piedra angular que habían puesto tus parientes, y pudiste despreciar la coima manteniéndote firme en la dignidad de la resistencia.
Todo esto es el exiguo resumen de una serie interminable de sucesos que tuvieron que ocurrir para que ayer en ese auto me hicieras una pregunta; la cual no conteste porque no iba dirigida a mí, sino a vos mismo, a las bases esenciales de tu conciencia. “..¿Me pregunto -dijiste- si llegado el día en que yo detente el poder, tendré la fuerza de voluntad que se requiere para resistir la tentación de la coima, y la presión frente a los intereses, o en cambio me volveré un ser despreciable igual que ellos?..”
Lo mejor de recorrer este proceso de descubrimientos, es la calidad de algunas de las personas que se encuentran en el camino. Vos no escapas a ese corto número de seres asombrosos. Lo mismo que Juan el Bautista, asentando las bases para que la palabra pudiera ser dicha, vos dispusiste las condiciones para que nosotros dos, existiéramos en el mismo lugar donde hubiéramos sido despreciados en otro tiempo. Por eso es justo que me atreva a responder con sinceridad, lo que pensé (y calle por respeto) en ese momento:
De principio sé que no es el dinero lo que puede tentar tu espíritu, sino el incuestionable ansia de cumplir tu destino humano, cómo conductor de hombres. La experiencia de los años te posibilitó descubrir la receta, por medio de la cual “los injustos” detentaron el poder históricamente. Hoy, ese conocimiento instiga para que recurras a esa misma formula que arrogan tus antagonistas. Sin embargo estoy seguro, que de nuevo deben prevalecer tus valores primigenios, y asentar sobre ellos una gloriosa forma de gobierno que te sirva para trascender. En cambio, si llegado el día, eliges la tradicional senda de los “traidores”, entonces tu destino es el del olvido y la muerte. Por eso mismo de que “.. el hombre arriesga la propia vida cada vez que elige, y solo eso lo hace libre..”. Vos viniste, para ser puesto frente a una encrucijada de dos caminos. El primero es posible a los ojos de cualquier mediocre; el otro es arduo y abundante en retos, pero es probable que te inmortalice. Aun estas lejos de ambos, pero es bueno que tu corazón este presto, porque vos sabes, y yo sé que todo lo que anuncio es verdadero.
Entonces no faltará el que diga de vos, lo que Rubén Darío dio testimonio que era usanza comentar entre los intelectuales, sobre nuestro insigne poeta Almafuerte: “... dicen que es un hombre que huye de las exhibiciones, del trato de las “gentes” , de las mascaradas elegantes y de los círculos melosos, Que no ocupa un puesto digno de su talento, porque sufre la anquilosía moral que le impide inclinar el espinazo delante de nadie; que se ha aislado enemigo de las hipocresías ciudadanas; que se ha dedicado al cultivo intelectual de los niños … ; que su carácter es bravío y aserrado; que adora sus ideales con un hondo fervor; que ama a los pobres y a los pequeños, y que tiene la fe de su fuerza y el orgullo viril de su talento. No hay duda ¡loco, loco de remate! …”. Entiéndase cuando se alude a la locura, aquella valiente manifestación del alma, que vas a requerir para sobreponerte a la perorata de “los injustos”. Estos últimos desconocen que la muerte se ríe de los hombres sabios.
Retomo la quijotesca arenga de mi discurso para confesarte la verdadera razón que lo origina. Además de servir como homenaje de lo que hemos construido por el esfuerzo de nuestro trabajo. Quiero dar testimonio de la tristeza que me causaría, si envuelto en los avatares de la suerte, vos truncaras tu camino grandioso, y escogieras en cambio la vía de los infames.
En cambio, te desafió a revelarte con actitud revolucionaria, asentando las bases de la justicia y la meritocracía, que es campo de cultivo de la virtud. El primer paso a ese objetivo lo vas a lograr expiando los demonios del rencor, que te atan a la figura de aquellos personajes siniestros que te dañaron con su traición. Sin embargo, aunque no lo veas ahora, desde afuera es evidente que esta acción impide que te individualices por encima de ellos.
Los próximos pasos los desconozco, solo entiendo que no sería ninguna idea feliz, apartarte de nuestros ideales. Porque es indicio de virtud que hallas confiado en nuestro estilo atípico, cuando nos escogiste para trabajar con vos. Y sería grave pronostico de los venideros tiempos, que te separes de nosotros, porque juntos llevamos la voz cantante y la luz del sol.
viernes, 5 de enero de 2007
Del Bien y El Mal. Otro milagro secreto..
Subí a aquel colectivo sin sospechar que ese acto cotidiano, escondía en verdad una prueba de una naturaleza diferente a la postura que uno podría adoptar ante cualquier acción rutinaria. Yo venía ataviado de bolsos y esta carga representaba una molestia que se acrecentaba debido al congestionamiento que permanentemente satura el transito de la terminal donde sucedió el Milagro. Eugenia me alcanzó de su cartera cinco pesos para abonar el viaje urbano al centro de la ciudad, y rauda se apresuró a conseguir asiento para los dos. Ya había ganado un lindo lugar mientras yo me disponía a abonar el pasaje. Pague con los mentados cinco pesos, pero para mi asombro aquel colectivero me devolvió un vuelto superior al dinero que yo le había dejado. Recuerdo ese instante porque fue crítico, yo desconocía la gravedad de lo que allí había sido desencadenado.
No entiendo por qué los ángeles del Señor nos sorprenden en situaciones mundanas, y no se presentan radiantes enarbolando sobre la cresta un aura refulgente, para que nosotros los advirtiéramos e inmediatamente nos dispusiéramos a adorarlos.
Algún hombre sabio dijo que la elección es anterior a la duda, los que apoyan esta escuela afirman que siempre cuando alguien se encuentra en disyuntiva frente a dos posibilidades, bastaría que el sujeto espiara en lo profundo de su espíritu hasta descubrir que la elección ya ha sido establecida con anterioridad y lo que realmente se busca ahora es, el por qué de esa elección. Sin embargo es hasta el día de hoy que yo desconozco por qué en aquel instante decisivo, cuando el colectivero me devolvía una suma superior a mí importe, yo opte por la “avivada” de aceptarlo como si no hubiera ocurrido nada.
Los Ángeles cómo las aves son criaturas aéreas, ellos no requieren del pensamiento para darle algún fin a su existencia, ocurre que en lo alto del vuelo la vida es puramente contemplativa, los horizontes infinitos devuelven una realidad imposible que solo seriamos dignos de admirar. Sin embargo, en algunas ocasiones extraordinarias, merced a una razón que desconocemos, esas entidades haladas trascienden su naturaleza y se mezclan entre los hombres.
Finalmente sucedió lo inesperado, el colectivero revisó rápidamente su recaudación y constatando que los números no cerraban, me preguntó “¿cuánto le había dado?” Ahora mi sorpresa es doble, y me devuelve la vergüenza al cuerpo, cuando recuerdo que improvise una triste farsa. Enseguida puse mi mejor “cara de tonto” y le pregunte, desde donde estaba a Eugenia, cuánto me había dado para que pague, como si yo jamás hubiera prestado atención al dinero y devolví lo que sobraba. No obstante el colectivero me siguió demostrando su educación, cuando optó por no hacer otro comentario, así la escena termino con una piadosa incredulidad cómplice.
Quizá en ese mismo momento el Ángel halla migrado de aquél cuerpo, quizá el propietario jamás se enteró de la presencia de ese inquilino tan liviano. Lo cierto es que nada puede evitar que yo entienda la importancia de lo que viví. Con el tiempo, podemos olvidar exactamente como ocurrieron los hechos de algún suceso de nuestra vida, las cosas que se dijeron en ese momento, incluso podemos olvidar a las personas que lo protagonizaron, pero jamás vamos a olvidar como nos hicieron sentir. Este episodio fue una derrota de mi espíritu. Merced algún orden cósmico desconocido que algunos llaman caos; espacio y tiempo conspiraron sus azares de tal guisa, que se me fue dada la oportunidad de existir en ese momento particular cuando tuve la oportunidad de regocijar mi espíritu, sin embargo llegado el momento opte por la mentira.
Sin embargo lo que motiva que hoy me encuentre comunicándoles a ustedes este triste suceso, no es otra cosa sino la esperanza de que, si un “tonto como yo” puede reconocer el error en el que ha incursionado y trascender por medio del reconocimiento en un hombre mejor, se podría soñar entonces que existe algún tipo de esperanza para la humanidad entera.
¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Filántropo! porque nada hay sobre la tierra que admire más que al hombre, y tampoco hay nada que me cause mas pena que el hombre desperdiciándose a sí mismo.
¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Utópico! porque esta sentencia me devuelve al arquetipo Platónico que nos regala un horizonte excelente hacia donde dirigirnos por intermedio de la Virtud.
¡Por todo esto saludo también a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Loco! Por remembranza del loco mas celebre que ampara la historia de los Hombres. Don Quijote de la Mancha, que supo sobreponerse a todas las barreras del espacio y el tiempo, que podían haber impedido que cumpla el destino trascendental con el que logró la inmortalidad, porque si alguna vez existió la raza de los Caballeros Andantes hace tiempo se habían extinto, porque aún si hubiera existido en ese tiempo, ni el cuerpo ni la alcurnia lo hubieran contemplado Caballero. Sin embargo ese hombre o apenas ente ficticio, se sobrepuso a todo y cobro vida e inmortalidad por medio de nuestros corazones. El primero que lo comprobó fue su leal escudero Sancho, cuando el héroe agonizante en su lecho, lo instó a que volviera a su vida pasada, aquella que abandono para convertirse en escudero de un Caballero Andante. Sancho entendió en ese momento que no quería volver a esa realidad, sino que prefería seguir viviendo esta otra que le había regalo su amo. Esa vida repleta de desafíos y la grandiosa promesa de ínsulas, capaz de saciar el espíritu sediento. ¿¡Y qué otra cosa es el hombre, sino un espíritu sediento!? o lo que es mejor ¿¡qué valor puede encontrarle un hombre a su vida, si no es un espíritu sediento!?
Siempre estamos a tiempo, decía un cura, en referencia a la celebre conversión de aquel ladrón crucificado a la diestra de Jesús, que en ese ultimo deseo se arrepintió profunda y dolorosamente de todas sus faltas, y fue perdonado porque su corazón sintió alivio.
El hombre debe cuidarse solo de satisfacer su fin humano, el único fin humano es la felicidad. El hombre finalmente es puro espíritu, y la felicidad del espíritu es Amor. Por eso debemos procurar que Amor sea el primer principio y el ultimo fin humano, porque es aquello que nos reconcilia, otorgándole sentido a la vida.
Desde tiempos de Adán, el mal es aquello a lo que el hombre se ha sentenciado por su propia estupidez. El mal nunca es inteligente ¿Cómo llamarle inteligencia a aquello que nos vuelve destructores de nuestro entorno mas intimo, hasta aislarnos en el ego, solos y desesperados?
Hegel entendió la necesidad humana de ser reconocido por el prójimo. Por eso la realidad humana solo puede ser social. Cuando entablamos alguna relación sobre mociones malignas, también es para ser reconocidos por el otro, pero a diferencia del bien que lo hace sobre el fundamento de la persona y la compasión, en el mal buscamos el reconocimiento por la vía del dominio del prójimo, sin embargo solo podemos ser reconocidos por nuestros iguales, y nunca nos sentiremos sinceramente reconocidos por aquellos a los que con nuestro dominio hemos reducido a una categoría inferior a la humana, por lo cual el Mal nos sentencia a sentirnos insatisfechos para siempre.
Por lo pronto procuraré seguir esperando el momento para revindicarme con el Ángel, desconozco bajo qué aspecto se camuflará entonces, pero procuro todos los días tenderle la mano. Y cuando me la acepte seré yo el bendecido, porque lo mas profundo de mi espíritu redimido rebosará de felicidad...
No entiendo por qué los ángeles del Señor nos sorprenden en situaciones mundanas, y no se presentan radiantes enarbolando sobre la cresta un aura refulgente, para que nosotros los advirtiéramos e inmediatamente nos dispusiéramos a adorarlos.
Algún hombre sabio dijo que la elección es anterior a la duda, los que apoyan esta escuela afirman que siempre cuando alguien se encuentra en disyuntiva frente a dos posibilidades, bastaría que el sujeto espiara en lo profundo de su espíritu hasta descubrir que la elección ya ha sido establecida con anterioridad y lo que realmente se busca ahora es, el por qué de esa elección. Sin embargo es hasta el día de hoy que yo desconozco por qué en aquel instante decisivo, cuando el colectivero me devolvía una suma superior a mí importe, yo opte por la “avivada” de aceptarlo como si no hubiera ocurrido nada.
Los Ángeles cómo las aves son criaturas aéreas, ellos no requieren del pensamiento para darle algún fin a su existencia, ocurre que en lo alto del vuelo la vida es puramente contemplativa, los horizontes infinitos devuelven una realidad imposible que solo seriamos dignos de admirar. Sin embargo, en algunas ocasiones extraordinarias, merced a una razón que desconocemos, esas entidades haladas trascienden su naturaleza y se mezclan entre los hombres.
Finalmente sucedió lo inesperado, el colectivero revisó rápidamente su recaudación y constatando que los números no cerraban, me preguntó “¿cuánto le había dado?” Ahora mi sorpresa es doble, y me devuelve la vergüenza al cuerpo, cuando recuerdo que improvise una triste farsa. Enseguida puse mi mejor “cara de tonto” y le pregunte, desde donde estaba a Eugenia, cuánto me había dado para que pague, como si yo jamás hubiera prestado atención al dinero y devolví lo que sobraba. No obstante el colectivero me siguió demostrando su educación, cuando optó por no hacer otro comentario, así la escena termino con una piadosa incredulidad cómplice.
Quizá en ese mismo momento el Ángel halla migrado de aquél cuerpo, quizá el propietario jamás se enteró de la presencia de ese inquilino tan liviano. Lo cierto es que nada puede evitar que yo entienda la importancia de lo que viví. Con el tiempo, podemos olvidar exactamente como ocurrieron los hechos de algún suceso de nuestra vida, las cosas que se dijeron en ese momento, incluso podemos olvidar a las personas que lo protagonizaron, pero jamás vamos a olvidar como nos hicieron sentir. Este episodio fue una derrota de mi espíritu. Merced algún orden cósmico desconocido que algunos llaman caos; espacio y tiempo conspiraron sus azares de tal guisa, que se me fue dada la oportunidad de existir en ese momento particular cuando tuve la oportunidad de regocijar mi espíritu, sin embargo llegado el momento opte por la mentira.
Sin embargo lo que motiva que hoy me encuentre comunicándoles a ustedes este triste suceso, no es otra cosa sino la esperanza de que, si un “tonto como yo” puede reconocer el error en el que ha incursionado y trascender por medio del reconocimiento en un hombre mejor, se podría soñar entonces que existe algún tipo de esperanza para la humanidad entera.
¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Filántropo! porque nada hay sobre la tierra que admire más que al hombre, y tampoco hay nada que me cause mas pena que el hombre desperdiciándose a sí mismo.
¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Utópico! porque esta sentencia me devuelve al arquetipo Platónico que nos regala un horizonte excelente hacia donde dirigirnos por intermedio de la Virtud.
¡Por todo esto saludo también a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Loco! Por remembranza del loco mas celebre que ampara la historia de los Hombres. Don Quijote de la Mancha, que supo sobreponerse a todas las barreras del espacio y el tiempo, que podían haber impedido que cumpla el destino trascendental con el que logró la inmortalidad, porque si alguna vez existió la raza de los Caballeros Andantes hace tiempo se habían extinto, porque aún si hubiera existido en ese tiempo, ni el cuerpo ni la alcurnia lo hubieran contemplado Caballero. Sin embargo ese hombre o apenas ente ficticio, se sobrepuso a todo y cobro vida e inmortalidad por medio de nuestros corazones. El primero que lo comprobó fue su leal escudero Sancho, cuando el héroe agonizante en su lecho, lo instó a que volviera a su vida pasada, aquella que abandono para convertirse en escudero de un Caballero Andante. Sancho entendió en ese momento que no quería volver a esa realidad, sino que prefería seguir viviendo esta otra que le había regalo su amo. Esa vida repleta de desafíos y la grandiosa promesa de ínsulas, capaz de saciar el espíritu sediento. ¿¡Y qué otra cosa es el hombre, sino un espíritu sediento!? o lo que es mejor ¿¡qué valor puede encontrarle un hombre a su vida, si no es un espíritu sediento!?
Siempre estamos a tiempo, decía un cura, en referencia a la celebre conversión de aquel ladrón crucificado a la diestra de Jesús, que en ese ultimo deseo se arrepintió profunda y dolorosamente de todas sus faltas, y fue perdonado porque su corazón sintió alivio.
El hombre debe cuidarse solo de satisfacer su fin humano, el único fin humano es la felicidad. El hombre finalmente es puro espíritu, y la felicidad del espíritu es Amor. Por eso debemos procurar que Amor sea el primer principio y el ultimo fin humano, porque es aquello que nos reconcilia, otorgándole sentido a la vida.
Desde tiempos de Adán, el mal es aquello a lo que el hombre se ha sentenciado por su propia estupidez. El mal nunca es inteligente ¿Cómo llamarle inteligencia a aquello que nos vuelve destructores de nuestro entorno mas intimo, hasta aislarnos en el ego, solos y desesperados?
Hegel entendió la necesidad humana de ser reconocido por el prójimo. Por eso la realidad humana solo puede ser social. Cuando entablamos alguna relación sobre mociones malignas, también es para ser reconocidos por el otro, pero a diferencia del bien que lo hace sobre el fundamento de la persona y la compasión, en el mal buscamos el reconocimiento por la vía del dominio del prójimo, sin embargo solo podemos ser reconocidos por nuestros iguales, y nunca nos sentiremos sinceramente reconocidos por aquellos a los que con nuestro dominio hemos reducido a una categoría inferior a la humana, por lo cual el Mal nos sentencia a sentirnos insatisfechos para siempre.
Por lo pronto procuraré seguir esperando el momento para revindicarme con el Ángel, desconozco bajo qué aspecto se camuflará entonces, pero procuro todos los días tenderle la mano. Y cuando me la acepte seré yo el bendecido, porque lo mas profundo de mi espíritu redimido rebosará de felicidad...
martes, 2 de enero de 2007
Siete Noches
PRIMER PRÓLOGO :
Aquella tarde sin tiempo, por alguna razón apócrifa que jamás osé incurrir, mamá me alistó en una caminata insólita. Por entonces vivíamos en un pueblo siempre hostigado por el viento, y aquel crepúsculo no era la excepción. El señor de la arena insolente nos picaba toda la cara, mientras mamá me conducía hacia aquel paraje alejado. No había en mí corta memoria ningún antecedente de una travesía parecida, sin embargo estaba contento, porque el guía era mamá y ella siempre me cuida. Recuerdo buscar con desconcierto la cara de mi acompañante, y como, cuando la encontré, me impresionaron sus ojos colorados a causa del tifón, pero abstraídos fijos al horizonte. Enseguida imite el gesto y aunque eso representaba un esfuerzo terrible, alcancé a divisar a lo lejos una duna que crecía del desierto, como si la arena estuviera inhalando hondo y en su erosionada cúspide apenas perceptible, prendida a lo alto se divisaba una ermita. Puesta allí por un santo o por el desierto en honor a otra madre o a la mía, da lo mismo, el que la contemple entenderá que lo llama, como le pasó a mi madre.
No sé, a causa de que motivo, cuando llegamos allí el temporal había cesado por completo. Entramos en la ermita, que, como la jaula para el pájaro, parecía mas grande desde adentro. Allí nos recibió una monjita, yo no entendí que hacia ahí esa mujer, pero su sonrisa me transmitió mucha paz. Mamá estaba seria, recuerdo haber entendido que el motivo de la travesía era muy importante, sin embargo no lo supe nunca. Mamá saludó a la monjita amablemente y esta tomó un fardo de fotografías que sacó de algún cajón, luego las fue intercalando gentil y pausadamente frente a mí que observaba atónito, recuerdo que estaba muy contento con aquel juego (para entonces ya sabia que ningún gesto vulgar podía provenir de un alma tan noble como el de nuestra anfitriona). En un momento se detuvo y dijo mi nombre en voz muy alta: “Pablo Pedro Damián Azúa Francesco”, lo dijo pausadamente como quien ensaya un conjuro misterioso y luego sentenció: “Nombrar es corregir el destello”. Finalmente -señalando las fotografías- me pidió que prestará mucha atención a eso que estaba viendo reproducido en esas imágenes, porque aquello era todo lo que iba a ocurrir en mi vida, así que convenía que preste mucha atención....
Es hasta el día de hoy que lo único que perdí de aquella aventura es el recuerdo de esas imágenes nominales. Mi tarea es recuperar apenas las primeras, los invito a descubrir al niño antes que se convierta en mago...
SEGUNDO PRÓLOGO :
Mi historia comienza con la visión de un hombre desesperado. Resignadamente confieso que soy yo. En la facultad me habían encomendado la tarea de concebir una autobiografía enfocada en la adolescencia. En un primer momento intenté improvisar una introspección, pero descubrí (no sin espanto), que no guardaba en mi memoria ningún resquicio de aquella etapa. De nada sirvió hurgar en las polvorientas cajas de reliquias familiares, él niño retratado en esas laminas no respondía mis cuestiones. Luego, con renovado ímpetu, aborde a mis parientes mas íntimos, con el propósito de recuperarme por intermedio de ellos, sin embargo la búsqueda fue infructuosa, debido a que aquel que se revelaba entre las coyunturas de sus discursos era otro, acaso sembrado por mi trato, en sus corazones, pero no ese pasado que necesito para afianzarme. Todavía faltaba una semana para la entrega pero yo ya preveía el fracaso. Pero justo entonces, durante ese trance hipnótico que separa la vigilia del sueño ocurrió el prodigio. Una voz no humana, me entregó –ahora lo sé- un don secreto. “Cinco noches, como cinco númenes, se erigen para justificar a un hombre en el tiempo y el espacio” terminó de decirlo y antes de entender algo me dormí.
PRIMERA NOCHE..
Caí en ese ensueño súbitamente. Me encontré en el patio de 1985 como si fuera la extensión de mi colchón y así sin cuestionar, con la naturalidad que se aceptan las cosas fatales, me reencontré por primera vez con el niño. Yo lo espiaba mientras él admiraba la Luna llena que desbordaba de azul el campo, sus ojos escudriñaban el satélite encendido con atención milimétrica, mientras yo, confinado en mi escondite observaba sin interrumpir ese estudio. “Me desconozco en todo con él -pensé-, excepto en su hambre de estrellas”.
En pocos días su padre (que es lo mismo que decir nuestro padre), golpeará fuerte la mesa del living, arrancará la foto familiar de su portarretratos y se irá. Nosotros haremos lo mismo, pero a casa de la abuela.
Es la primera y única vez que veré asustada a la Abuela, recuerdo que nos cobija enseguida, mi hermano no sabe que pasa, esta contento de ir a visitar a la abuela, yo no sé si sé o lo desconozco, mis papas se separaron.
La primera vez que vi a Dios fue en los ojos de mi madre, la segunda en los de mi abuela. Soy dichoso porque cuando lo necesito lo busco allí. Entre los altos Dones que corresponden a mi calidad de mago del sueño, ninguno mas caro que la posibilidad de concebir el infinito. En esta magnitud que claudican las mentes mas brillantes yo mido el amor que profeso a estas dos Señoras de mi felicidad.
En ese momento, lo confieso, sentí en toda mi humanidad la necesidad de abordar al niño. Mas para ampararlo que para prevenirle, sin embargo, me detuvo oportunamente una certeza fatal: “Nada puedo ganar advirtiendo a un ángel su destino, si su naturaleza liviana lo impulsa a aceptar mansamente su estrella”.
Esa mañana desperté temprano. Poco a poco me fui apartando de la odisea nocturna, como cuando se emerge de un río correntoso. En ese momento la voz reapareció, para advertirme que el olvido destructor borrará todas las imágenes que serán descubiertas durante estas cinco noches. “Ensayarás –sentenció- apenas una miscelánea ficción de estas revelaciones”. El hecho de que utilice genero autobiográfico para referirlas es quizás, una resistencia frente a la autoridad de ese Poder.
Ya durante la primera hora del día, había olvidado la noche anterior: los ojos redondos y ávidos de Luna, la madre con dos rostros Divinos y la necesidad angustiosa de dar amparo. Todo había vuelto a la sombra, durante ese día celeste no quedó reminiscencias del niño. Al final solo queda refirmar la frase de Alejandro Dolina, cuando dice que el destino de cualquier resistencia es ser derribada.
SEGUNDA NOCHE..
Esa noche, antes de conciliar el sueño recordé aquella superstición que me acompaña hace mucho tiempo. De algún modo siempre creí que las imágenes de los sueños guardaban algún propósito secreto, acaso la suma de todas esas imágenes nocturnas completen una cifra decisiva, que nos permite agotar la experiencia humana en el tiempo que comprende una vida.
Esta vez el sueño sobrevino despacio y luminoso como el alba sucede a la penumbra, así salte nueve años desde mi primera visión.
El niño le esta enseñando a su hermano (que es el mío). Le asegura que en verdad su familia procede de aquel Astro lejano pero resplandeciente que se muestra de noche, de donde fueron desterrados merced un terrible accidente y argumenta su discurso exponiendo una vasta mitología de parientes.
Siento envidia de la atención que presta el joven discípulo, sus ojos vidriosos devoran la sabiduría del maestro.
La visión se deforma de nuevo, para mutarse en otra escena.
Ahora veo claramente: ese que esta en la puerta de la casa de la abuela es mi padre, nadie le va a atender, vamos a hacer como si no hubiera nadie. El niño, se culpa porque de algún modo esta convencido que ha conspirado para que esto ocurriera así. Él no quería volver a ver a papá con mamá, y sé que esta convencido de haber obrado algún conjuro para que esta situación sucediera. Nada puede evitar que sintamos pena.
Dentro mío se coce en preguntas un espíritu: ¿Por qué no socorrer al niño, enseñarle su inocencia anunciarle que esta absuelto? ¿acaso alguien esta absuelto de lo que le sucede?. No entiendo como mi madre se vino a enamorar de este señor, ¿tal vez desconocía la regla del emperador Hengis Khan? El mongol que juzgaba la calidad de sus guerreros por las hazañas que estos demostraban solo en el campo de batalla.
Del mismo modo los hombres deberían ser juzgados solo por sus actos, de lo contrario, nos volvemos esclavos de ellos incluso con el pensamiento, cuando desvelamos noches dilucidando los motivos, causas o propósitos que los llevan a actuar de alguna u otra manera.
Sin embargo, de alguna forma, el amor trasciende esta esfera de la razón, yo con suerte lo descubriré luego, cuando no sea ni niño, ni mago, sino hombre.
Retoma Morfeo su oficio de montar naderías y su reflejo engañoso, me devuelve a la primavera de 1994. Estoy en el recreo de la primaria, unos compañeros están molestando a mi hermano, son de mi curso, sé que tengo que ir a socorrerlo pero el miedo me paraliza, son muchos pero eso no es excusa.. Siento el dolor del niño encarnado en mi propia piel, la vergüenza, ¡soy el niño!. Le grito fuerte “¡Eso no debe volver a ocurrir nunca mas!”. El pobre escucha la voz cercana y grave, como un trueno que le parte la cabeza. Pobre niño su inocencia no merece la conciencia atroz que le regalo.
Esa noche lo abrace mientras aún dormía. Le conté la escena que va a volver a ver en una película, allí el protagonista se jactaba del tamaño de su hermano mayor, sentenciaba que contemplaría el mundo montado sobre los hombros de su hermano. Lo mismo va a sentir el tuyo, le dije, cuando termines de perfeccionarte va a poder sentirse orgulloso de vos.
Ahora otro espejismo se incorpora a la realidad.
Estoy en el patio de la casa de mi abuela. Estoy jugando, pero es una diversión muy seria, estoy creando algo que imagino trascendental, porque siento que de algún modo es el génesis de mi consagración como niño genio. Deseo ser reconocido por mi creación o por alguna cualidad extraordinaria. Imagino a mi familia respondiendo entrevistas sobre mí, los imagino orgullosos. Toda esta escena, del niño, me provoca mucha gracia, porque ahora sé que si alguien es lo suficientemente inteligente, no existirá nadie que lo entienda.
Milagrosamente, como suceden las cosas en sueños. Estamos en la ciudad de Aluminé. Hemos venido varios en caravana, aparte de mamá, mi hermano y yo, libres en el paraíso vivo de la escarpada Cordillera.
He decidido presentarme ante el niño, porque necesito cuidarlo. Para no asustarlo me mostré primero en forma de lago, pero él no me prestó demasiada atención debido a su amor con la Luna que se me reflejaba; por eso decidí metamorfosear en una especie mas imponente y volverme toro la mañana siguiente, entre las tiendas. Todos se espantaron de mi visión, pero mi hermano y el niño sortearon obstáculos y lograron acercarse a la res. Cuando por fin atrape toda su curiosidad, los ojos feroces me bastaron para indagarlo, el niño devolviéndome el gesto con la mirada me confesó que era Feliz. Y yo me volví contento pero ligero, por temor a ensombrecer el milagro secreto que allí se gestaba.
Aquella mañana amanecí empapado en sudor sin entender nada de lo que había ocurrido, solo queda una sensación angustiante, quizás el apuro por volver a la vigilia.
TERCERA NOCHE..
Por alguna razón profunda que no entendía entonces, aquella tercera noche me costo conciliar el sueño.
La primera visión me trajo devuelta a los dieciséis años. Se operaba por entonces en mí cuerpo y en mi mente una revolución radical, que supo extralimitarse hasta ocasionar daños a terceros y vergüenza a quien la rememora. En su extrovertida rebeldía “el chico” busca imponer su identidad frente a los otros y no reparará en medios para hacerse notar. En principio El descubrimiento del genero fantástico de Cortazar a Quiroga, para justificar su decisión de abandonar la escuela técnica en busca de un futuro Humanista. Mi madre gigante y hermosa como una Catedral, recibe mis descabellados planteos con indulgente amor.
Rescato “del chico” su sincero compromiso con el arte, pero sobre todo, la capacidad de cultivar amistades que mas tarde devinieron en verdaderos hermanos de vida Todavía los tengo bien presentes, a uno mirando el cielo y otro la tierra, es como si pudiera abarcar el universo con sus amistades.
De repente me entrego a una contemplación estelar con mi entrañable amigo Néstor Altamirano, alguna madrugada de principios del siglo XXI. Surgía, como esta misma imagen onírica, el tema de un cuento reciente que había leído y me causó fuerte impresión, su nombre: La casa de Asterión, de un tal Jorge Luis Borges. Allí el protagonista (el mítico Minotauro de Minos), se escapa de su laberinto donde yacía enclaustrado, y descubre afuera otro laberinto mas grande y lo que es mas horroroso, descubre su verdadera identidad monstruosa. Deja de ser inocente cuando se descubre, tal vez me suceda lo mismo con esta autobiografía.
Esa Mañana, del sueño, solo recuerdo la constelación de estrellas mientras me baño. Descubro con asombro, que no miento si afirmo que son las mismas que alumbran las noches en vela. Eso me inquieta y me devuelve a la reivindicación onírica de Calderón.
CUARTA NOCHE..
Al cuarto sueño lo busque con impaciencia hasta conquistarlo.
Intento descubrir entre las emociones del “chico” la borrosa imagen que se muestra húmeda como si hubiera sido pintada al óleo. No lo puedo entender estoy besando a una mujer, ella condescendió por su voluntad a mi piel, su hechizo labial es un placebo feliz, me voy a acomodar en el seno pastoral de su abrazo y establecer en su relieve mi patria.
El “chico” encontró un amor que estima eterno, sin embargo ese presupuesto significa no condescender al encuentro de otra alma femenina y eso es un crimen imperdonable. Tampoco tolera la idea que su nueva novia tenga mas experiencia con el sexo opuesto que él. Yo mismo iba advertirle antes que cometa alguna imprudencia. Quería decirle que la experiencia que alude su novia tampoco es tan significante. Sin embargo yo me conozco demasiado bien para mentirme, y sé que los ojos felices de esa otra niña, son motivo suficiente para acometer cualquier rebelión.
Ya nos decía el seductor por esos años: “Usted sabe enamorado, que la vida vale menos que el amor..”
Siguiendo ese valiente precepto aposté por el amor... y perdí, porque no podría, ni quiero estar con la otra chica, y mí Eugenia ya no me quiere. Por eso lloro como un crío frente a mi eterno amigo Fernando Tapia. ¡Que vergüenza esta visión tan patética, debería perderse!, ¿por qué no se espanta mi compañero, porque no me golpea para que reaccione?. Recién ahora comprendo que existen actos que nos reivindican para toda la vida, mi amigo es el ejemplo vivo de uno de esos pocos casos.
Un fuego vivificante me encendió esa mañana que desperté totalmente repuesto como si me hubieran liberado con el sueño de un peso insoportable.
QUINTA NOCHE..
Aún sin recordar nada de la serie de prodigios que soy protagonista, aquella noche me resistí a conciliar el sueño. De algún modo quería retrasar aquello que sería mi ultima magia.
Por fin dormido sentencié: ¡en el sueño el sentido es claro! Pero nadie oyó porque ya estaba dormido, excepto un viejito que apareció sentado en un banco del boulevard próximo a la Facultad del Comahue, frente a la efigie de un León. Por alguna razón esa imagen me recordó una fantasía de Jorge Luis Borges. Lo imagine a él en Florencia admirando aquel Leopardo que inspiró a Dante el primer Canto de la Divina Comedia.
Distendido como iba en mi contemplación, me otorgué la licencia de recordar la anécdota en voz alta: A aquel Leopardo –citaba- un sueño le revela que fue creado para que Dante lo vea y lo use en su poema. El leopardo en el sueño entiende eso, pero cuando despierta naturalmente ¿cómo va a entender que él existe para que un hombre escriba un poema? Y luego el Maestro reforzaría afirmando que: si a Dante le hubiera sido revelado porque él ha escrito la Comedia, él podría entenderlo en un sueño, pero al despertar no sería tan complicada la razón como la otra para el leopardo...
Seguía abstraído en mi periplo, cuando me distrajo el hombre gris del banco, que balbuceaba frases incomprensibles en un dialecto desconocido, de un momento a otro sus sonidos cobraron sentido y pude entender lo que decía: “...acaso solo la poesía es lo suficientemente inmediata para descubrir la verdad. Y la razón, el desesperado intento por justificarla..”
Me acerque y le dije:
- Señor, ¿Usted es oriental o argentino?
- Argentino. (fue su rápida respuesta)
Hubo un silencio largo, lo que hubiera propiciado el fin de la conversación, sin embargo me había interesado su comentario, así que seguí con otra apreciación intrascendental.
- Que bello crepúsculo. (Note que su perfil se fijaba en el horizonte)
- A esta edad es lo único que me queda. La ceguera es un lento atardecer de verano.
Respondió resignado, como si no hubiera advertido la gravedad de mi equívoco, o pretendiera educadamente pasarlo por alto. Sin embargo por mi parte la vergüenza me recordó que hubiera podido cortar antes este el diálogo. Me acerque para observar su rostro, no recuerdo si sus ojos eran grises o celestes, sin embargo comprobé su ceguera.
Avergonzado me disponía a partir cuando él me detuvo.
- No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica –dijo eso y luego preguntó- ¿Así que eres escritor?
- ¿¡Cómo lo supo!?.. Quiero decir, pretendo serlo...
- Ocurre que ninguna otra especie me hubiera notado.
Respondió sarcásticamente y conocí por primera vez su sonrisa, que se alargaba sin fin en el rostro. Yo también sonreí y sentí que de algún modo esa risa nos acercaba, incluso en cierto sentido me reconocí con él.
- Siendo que es escritor ¿qué escribe?
Me interrogó de nuevo, y sus palabras como dagas hicieron que me brotara un rubor intenso. Acorralado tuve que confesar que lo escribía a él.
Volvió el rostro hacia mí, como denotando sorpresa. Creo que voy a incurrir en herejía, pero la verdad es que yo frente a ese señor, me sentí Moisés ante el Ararat.
ÉXODO..
Termine esta autobiografía durante la madrugada del 1 de Noviembre. No esperaré que compartan conmigo esta conmoción que me fulmina, pero doy testimonio para que los que escuchen emulen esta práctica subjetiva. El resultado es una de las formas de la resurrección.
Aquella tarde sin tiempo, por alguna razón apócrifa que jamás osé incurrir, mamá me alistó en una caminata insólita. Por entonces vivíamos en un pueblo siempre hostigado por el viento, y aquel crepúsculo no era la excepción. El señor de la arena insolente nos picaba toda la cara, mientras mamá me conducía hacia aquel paraje alejado. No había en mí corta memoria ningún antecedente de una travesía parecida, sin embargo estaba contento, porque el guía era mamá y ella siempre me cuida. Recuerdo buscar con desconcierto la cara de mi acompañante, y como, cuando la encontré, me impresionaron sus ojos colorados a causa del tifón, pero abstraídos fijos al horizonte. Enseguida imite el gesto y aunque eso representaba un esfuerzo terrible, alcancé a divisar a lo lejos una duna que crecía del desierto, como si la arena estuviera inhalando hondo y en su erosionada cúspide apenas perceptible, prendida a lo alto se divisaba una ermita. Puesta allí por un santo o por el desierto en honor a otra madre o a la mía, da lo mismo, el que la contemple entenderá que lo llama, como le pasó a mi madre.
No sé, a causa de que motivo, cuando llegamos allí el temporal había cesado por completo. Entramos en la ermita, que, como la jaula para el pájaro, parecía mas grande desde adentro. Allí nos recibió una monjita, yo no entendí que hacia ahí esa mujer, pero su sonrisa me transmitió mucha paz. Mamá estaba seria, recuerdo haber entendido que el motivo de la travesía era muy importante, sin embargo no lo supe nunca. Mamá saludó a la monjita amablemente y esta tomó un fardo de fotografías que sacó de algún cajón, luego las fue intercalando gentil y pausadamente frente a mí que observaba atónito, recuerdo que estaba muy contento con aquel juego (para entonces ya sabia que ningún gesto vulgar podía provenir de un alma tan noble como el de nuestra anfitriona). En un momento se detuvo y dijo mi nombre en voz muy alta: “Pablo Pedro Damián Azúa Francesco”, lo dijo pausadamente como quien ensaya un conjuro misterioso y luego sentenció: “Nombrar es corregir el destello”. Finalmente -señalando las fotografías- me pidió que prestará mucha atención a eso que estaba viendo reproducido en esas imágenes, porque aquello era todo lo que iba a ocurrir en mi vida, así que convenía que preste mucha atención....
Es hasta el día de hoy que lo único que perdí de aquella aventura es el recuerdo de esas imágenes nominales. Mi tarea es recuperar apenas las primeras, los invito a descubrir al niño antes que se convierta en mago...
SEGUNDO PRÓLOGO :
Mi historia comienza con la visión de un hombre desesperado. Resignadamente confieso que soy yo. En la facultad me habían encomendado la tarea de concebir una autobiografía enfocada en la adolescencia. En un primer momento intenté improvisar una introspección, pero descubrí (no sin espanto), que no guardaba en mi memoria ningún resquicio de aquella etapa. De nada sirvió hurgar en las polvorientas cajas de reliquias familiares, él niño retratado en esas laminas no respondía mis cuestiones. Luego, con renovado ímpetu, aborde a mis parientes mas íntimos, con el propósito de recuperarme por intermedio de ellos, sin embargo la búsqueda fue infructuosa, debido a que aquel que se revelaba entre las coyunturas de sus discursos era otro, acaso sembrado por mi trato, en sus corazones, pero no ese pasado que necesito para afianzarme. Todavía faltaba una semana para la entrega pero yo ya preveía el fracaso. Pero justo entonces, durante ese trance hipnótico que separa la vigilia del sueño ocurrió el prodigio. Una voz no humana, me entregó –ahora lo sé- un don secreto. “Cinco noches, como cinco númenes, se erigen para justificar a un hombre en el tiempo y el espacio” terminó de decirlo y antes de entender algo me dormí.
PRIMERA NOCHE..
Caí en ese ensueño súbitamente. Me encontré en el patio de 1985 como si fuera la extensión de mi colchón y así sin cuestionar, con la naturalidad que se aceptan las cosas fatales, me reencontré por primera vez con el niño. Yo lo espiaba mientras él admiraba la Luna llena que desbordaba de azul el campo, sus ojos escudriñaban el satélite encendido con atención milimétrica, mientras yo, confinado en mi escondite observaba sin interrumpir ese estudio. “Me desconozco en todo con él -pensé-, excepto en su hambre de estrellas”.
En pocos días su padre (que es lo mismo que decir nuestro padre), golpeará fuerte la mesa del living, arrancará la foto familiar de su portarretratos y se irá. Nosotros haremos lo mismo, pero a casa de la abuela.
Es la primera y única vez que veré asustada a la Abuela, recuerdo que nos cobija enseguida, mi hermano no sabe que pasa, esta contento de ir a visitar a la abuela, yo no sé si sé o lo desconozco, mis papas se separaron.
La primera vez que vi a Dios fue en los ojos de mi madre, la segunda en los de mi abuela. Soy dichoso porque cuando lo necesito lo busco allí. Entre los altos Dones que corresponden a mi calidad de mago del sueño, ninguno mas caro que la posibilidad de concebir el infinito. En esta magnitud que claudican las mentes mas brillantes yo mido el amor que profeso a estas dos Señoras de mi felicidad.
En ese momento, lo confieso, sentí en toda mi humanidad la necesidad de abordar al niño. Mas para ampararlo que para prevenirle, sin embargo, me detuvo oportunamente una certeza fatal: “Nada puedo ganar advirtiendo a un ángel su destino, si su naturaleza liviana lo impulsa a aceptar mansamente su estrella”.
Esa mañana desperté temprano. Poco a poco me fui apartando de la odisea nocturna, como cuando se emerge de un río correntoso. En ese momento la voz reapareció, para advertirme que el olvido destructor borrará todas las imágenes que serán descubiertas durante estas cinco noches. “Ensayarás –sentenció- apenas una miscelánea ficción de estas revelaciones”. El hecho de que utilice genero autobiográfico para referirlas es quizás, una resistencia frente a la autoridad de ese Poder.
Ya durante la primera hora del día, había olvidado la noche anterior: los ojos redondos y ávidos de Luna, la madre con dos rostros Divinos y la necesidad angustiosa de dar amparo. Todo había vuelto a la sombra, durante ese día celeste no quedó reminiscencias del niño. Al final solo queda refirmar la frase de Alejandro Dolina, cuando dice que el destino de cualquier resistencia es ser derribada.
SEGUNDA NOCHE..
Esa noche, antes de conciliar el sueño recordé aquella superstición que me acompaña hace mucho tiempo. De algún modo siempre creí que las imágenes de los sueños guardaban algún propósito secreto, acaso la suma de todas esas imágenes nocturnas completen una cifra decisiva, que nos permite agotar la experiencia humana en el tiempo que comprende una vida.
Esta vez el sueño sobrevino despacio y luminoso como el alba sucede a la penumbra, así salte nueve años desde mi primera visión.
El niño le esta enseñando a su hermano (que es el mío). Le asegura que en verdad su familia procede de aquel Astro lejano pero resplandeciente que se muestra de noche, de donde fueron desterrados merced un terrible accidente y argumenta su discurso exponiendo una vasta mitología de parientes.
Siento envidia de la atención que presta el joven discípulo, sus ojos vidriosos devoran la sabiduría del maestro.
La visión se deforma de nuevo, para mutarse en otra escena.
Ahora veo claramente: ese que esta en la puerta de la casa de la abuela es mi padre, nadie le va a atender, vamos a hacer como si no hubiera nadie. El niño, se culpa porque de algún modo esta convencido que ha conspirado para que esto ocurriera así. Él no quería volver a ver a papá con mamá, y sé que esta convencido de haber obrado algún conjuro para que esta situación sucediera. Nada puede evitar que sintamos pena.
Dentro mío se coce en preguntas un espíritu: ¿Por qué no socorrer al niño, enseñarle su inocencia anunciarle que esta absuelto? ¿acaso alguien esta absuelto de lo que le sucede?. No entiendo como mi madre se vino a enamorar de este señor, ¿tal vez desconocía la regla del emperador Hengis Khan? El mongol que juzgaba la calidad de sus guerreros por las hazañas que estos demostraban solo en el campo de batalla.
Del mismo modo los hombres deberían ser juzgados solo por sus actos, de lo contrario, nos volvemos esclavos de ellos incluso con el pensamiento, cuando desvelamos noches dilucidando los motivos, causas o propósitos que los llevan a actuar de alguna u otra manera.
Sin embargo, de alguna forma, el amor trasciende esta esfera de la razón, yo con suerte lo descubriré luego, cuando no sea ni niño, ni mago, sino hombre.
Retoma Morfeo su oficio de montar naderías y su reflejo engañoso, me devuelve a la primavera de 1994. Estoy en el recreo de la primaria, unos compañeros están molestando a mi hermano, son de mi curso, sé que tengo que ir a socorrerlo pero el miedo me paraliza, son muchos pero eso no es excusa.. Siento el dolor del niño encarnado en mi propia piel, la vergüenza, ¡soy el niño!. Le grito fuerte “¡Eso no debe volver a ocurrir nunca mas!”. El pobre escucha la voz cercana y grave, como un trueno que le parte la cabeza. Pobre niño su inocencia no merece la conciencia atroz que le regalo.
Esa noche lo abrace mientras aún dormía. Le conté la escena que va a volver a ver en una película, allí el protagonista se jactaba del tamaño de su hermano mayor, sentenciaba que contemplaría el mundo montado sobre los hombros de su hermano. Lo mismo va a sentir el tuyo, le dije, cuando termines de perfeccionarte va a poder sentirse orgulloso de vos.
Ahora otro espejismo se incorpora a la realidad.
Estoy en el patio de la casa de mi abuela. Estoy jugando, pero es una diversión muy seria, estoy creando algo que imagino trascendental, porque siento que de algún modo es el génesis de mi consagración como niño genio. Deseo ser reconocido por mi creación o por alguna cualidad extraordinaria. Imagino a mi familia respondiendo entrevistas sobre mí, los imagino orgullosos. Toda esta escena, del niño, me provoca mucha gracia, porque ahora sé que si alguien es lo suficientemente inteligente, no existirá nadie que lo entienda.
Milagrosamente, como suceden las cosas en sueños. Estamos en la ciudad de Aluminé. Hemos venido varios en caravana, aparte de mamá, mi hermano y yo, libres en el paraíso vivo de la escarpada Cordillera.
He decidido presentarme ante el niño, porque necesito cuidarlo. Para no asustarlo me mostré primero en forma de lago, pero él no me prestó demasiada atención debido a su amor con la Luna que se me reflejaba; por eso decidí metamorfosear en una especie mas imponente y volverme toro la mañana siguiente, entre las tiendas. Todos se espantaron de mi visión, pero mi hermano y el niño sortearon obstáculos y lograron acercarse a la res. Cuando por fin atrape toda su curiosidad, los ojos feroces me bastaron para indagarlo, el niño devolviéndome el gesto con la mirada me confesó que era Feliz. Y yo me volví contento pero ligero, por temor a ensombrecer el milagro secreto que allí se gestaba.
Aquella mañana amanecí empapado en sudor sin entender nada de lo que había ocurrido, solo queda una sensación angustiante, quizás el apuro por volver a la vigilia.
TERCERA NOCHE..
Por alguna razón profunda que no entendía entonces, aquella tercera noche me costo conciliar el sueño.
La primera visión me trajo devuelta a los dieciséis años. Se operaba por entonces en mí cuerpo y en mi mente una revolución radical, que supo extralimitarse hasta ocasionar daños a terceros y vergüenza a quien la rememora. En su extrovertida rebeldía “el chico” busca imponer su identidad frente a los otros y no reparará en medios para hacerse notar. En principio El descubrimiento del genero fantástico de Cortazar a Quiroga, para justificar su decisión de abandonar la escuela técnica en busca de un futuro Humanista. Mi madre gigante y hermosa como una Catedral, recibe mis descabellados planteos con indulgente amor.
Rescato “del chico” su sincero compromiso con el arte, pero sobre todo, la capacidad de cultivar amistades que mas tarde devinieron en verdaderos hermanos de vida Todavía los tengo bien presentes, a uno mirando el cielo y otro la tierra, es como si pudiera abarcar el universo con sus amistades.
De repente me entrego a una contemplación estelar con mi entrañable amigo Néstor Altamirano, alguna madrugada de principios del siglo XXI. Surgía, como esta misma imagen onírica, el tema de un cuento reciente que había leído y me causó fuerte impresión, su nombre: La casa de Asterión, de un tal Jorge Luis Borges. Allí el protagonista (el mítico Minotauro de Minos), se escapa de su laberinto donde yacía enclaustrado, y descubre afuera otro laberinto mas grande y lo que es mas horroroso, descubre su verdadera identidad monstruosa. Deja de ser inocente cuando se descubre, tal vez me suceda lo mismo con esta autobiografía.
Esa Mañana, del sueño, solo recuerdo la constelación de estrellas mientras me baño. Descubro con asombro, que no miento si afirmo que son las mismas que alumbran las noches en vela. Eso me inquieta y me devuelve a la reivindicación onírica de Calderón.
CUARTA NOCHE..
Al cuarto sueño lo busque con impaciencia hasta conquistarlo.
Intento descubrir entre las emociones del “chico” la borrosa imagen que se muestra húmeda como si hubiera sido pintada al óleo. No lo puedo entender estoy besando a una mujer, ella condescendió por su voluntad a mi piel, su hechizo labial es un placebo feliz, me voy a acomodar en el seno pastoral de su abrazo y establecer en su relieve mi patria.
El “chico” encontró un amor que estima eterno, sin embargo ese presupuesto significa no condescender al encuentro de otra alma femenina y eso es un crimen imperdonable. Tampoco tolera la idea que su nueva novia tenga mas experiencia con el sexo opuesto que él. Yo mismo iba advertirle antes que cometa alguna imprudencia. Quería decirle que la experiencia que alude su novia tampoco es tan significante. Sin embargo yo me conozco demasiado bien para mentirme, y sé que los ojos felices de esa otra niña, son motivo suficiente para acometer cualquier rebelión.
Ya nos decía el seductor por esos años: “Usted sabe enamorado, que la vida vale menos que el amor..”
Siguiendo ese valiente precepto aposté por el amor... y perdí, porque no podría, ni quiero estar con la otra chica, y mí Eugenia ya no me quiere. Por eso lloro como un crío frente a mi eterno amigo Fernando Tapia. ¡Que vergüenza esta visión tan patética, debería perderse!, ¿por qué no se espanta mi compañero, porque no me golpea para que reaccione?. Recién ahora comprendo que existen actos que nos reivindican para toda la vida, mi amigo es el ejemplo vivo de uno de esos pocos casos.
Un fuego vivificante me encendió esa mañana que desperté totalmente repuesto como si me hubieran liberado con el sueño de un peso insoportable.
QUINTA NOCHE..
Aún sin recordar nada de la serie de prodigios que soy protagonista, aquella noche me resistí a conciliar el sueño. De algún modo quería retrasar aquello que sería mi ultima magia.
Por fin dormido sentencié: ¡en el sueño el sentido es claro! Pero nadie oyó porque ya estaba dormido, excepto un viejito que apareció sentado en un banco del boulevard próximo a la Facultad del Comahue, frente a la efigie de un León. Por alguna razón esa imagen me recordó una fantasía de Jorge Luis Borges. Lo imagine a él en Florencia admirando aquel Leopardo que inspiró a Dante el primer Canto de la Divina Comedia.
Distendido como iba en mi contemplación, me otorgué la licencia de recordar la anécdota en voz alta: A aquel Leopardo –citaba- un sueño le revela que fue creado para que Dante lo vea y lo use en su poema. El leopardo en el sueño entiende eso, pero cuando despierta naturalmente ¿cómo va a entender que él existe para que un hombre escriba un poema? Y luego el Maestro reforzaría afirmando que: si a Dante le hubiera sido revelado porque él ha escrito la Comedia, él podría entenderlo en un sueño, pero al despertar no sería tan complicada la razón como la otra para el leopardo...
Seguía abstraído en mi periplo, cuando me distrajo el hombre gris del banco, que balbuceaba frases incomprensibles en un dialecto desconocido, de un momento a otro sus sonidos cobraron sentido y pude entender lo que decía: “...acaso solo la poesía es lo suficientemente inmediata para descubrir la verdad. Y la razón, el desesperado intento por justificarla..”
Me acerque y le dije:
- Señor, ¿Usted es oriental o argentino?
- Argentino. (fue su rápida respuesta)
Hubo un silencio largo, lo que hubiera propiciado el fin de la conversación, sin embargo me había interesado su comentario, así que seguí con otra apreciación intrascendental.
- Que bello crepúsculo. (Note que su perfil se fijaba en el horizonte)
- A esta edad es lo único que me queda. La ceguera es un lento atardecer de verano.
Respondió resignado, como si no hubiera advertido la gravedad de mi equívoco, o pretendiera educadamente pasarlo por alto. Sin embargo por mi parte la vergüenza me recordó que hubiera podido cortar antes este el diálogo. Me acerque para observar su rostro, no recuerdo si sus ojos eran grises o celestes, sin embargo comprobé su ceguera.
Avergonzado me disponía a partir cuando él me detuvo.
- No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica –dijo eso y luego preguntó- ¿Así que eres escritor?
- ¿¡Cómo lo supo!?.. Quiero decir, pretendo serlo...
- Ocurre que ninguna otra especie me hubiera notado.
Respondió sarcásticamente y conocí por primera vez su sonrisa, que se alargaba sin fin en el rostro. Yo también sonreí y sentí que de algún modo esa risa nos acercaba, incluso en cierto sentido me reconocí con él.
- Siendo que es escritor ¿qué escribe?
Me interrogó de nuevo, y sus palabras como dagas hicieron que me brotara un rubor intenso. Acorralado tuve que confesar que lo escribía a él.
Volvió el rostro hacia mí, como denotando sorpresa. Creo que voy a incurrir en herejía, pero la verdad es que yo frente a ese señor, me sentí Moisés ante el Ararat.
ÉXODO..
Termine esta autobiografía durante la madrugada del 1 de Noviembre. No esperaré que compartan conmigo esta conmoción que me fulmina, pero doy testimonio para que los que escuchen emulen esta práctica subjetiva. El resultado es una de las formas de la resurrección.
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