martes, 2 de enero de 2007

Siete Noches

PRIMER PRÓLOGO :

Aquella tarde sin tiempo, por alguna razón apócrifa que jamás osé incurrir, mamá me alistó en una caminata insólita. Por entonces vivíamos en un pueblo siempre hostigado por el viento, y aquel crepúsculo no era la excepción. El señor de la arena insolente nos picaba toda la cara, mientras mamá me conducía hacia aquel paraje alejado. No había en mí corta memoria ningún antecedente de una travesía parecida, sin embargo estaba contento, porque el guía era mamá y ella siempre me cuida. Recuerdo buscar con desconcierto la cara de mi acompañante, y como, cuando la encontré, me impresionaron sus ojos colorados a causa del tifón, pero abstraídos fijos al horizonte. Enseguida imite el gesto y aunque eso representaba un esfuerzo terrible, alcancé a divisar a lo lejos una duna que crecía del desierto, como si la arena estuviera inhalando hondo y en su erosionada cúspide apenas perceptible, prendida a lo alto se divisaba una ermita. Puesta allí por un santo o por el desierto en honor a otra madre o a la mía, da lo mismo, el que la contemple entenderá que lo llama, como le pasó a mi madre.

No sé, a causa de que motivo, cuando llegamos allí el temporal había cesado por completo. Entramos en la ermita, que, como la jaula para el pájaro, parecía mas grande desde adentro. Allí nos recibió una monjita, yo no entendí que hacia ahí esa mujer, pero su sonrisa me transmitió mucha paz. Mamá estaba seria, recuerdo haber entendido que el motivo de la travesía era muy importante, sin embargo no lo supe nunca. Mamá saludó a la monjita amablemente y esta tomó un fardo de fotografías que sacó de algún cajón, luego las fue intercalando gentil y pausadamente frente a mí que observaba atónito, recuerdo que estaba muy contento con aquel juego (para entonces ya sabia que ningún gesto vulgar podía provenir de un alma tan noble como el de nuestra anfitriona). En un momento se detuvo y dijo mi nombre en voz muy alta: “Pablo Pedro Damián Azúa Francesco”, lo dijo pausadamente como quien ensaya un conjuro misterioso y luego sentenció: “Nombrar es corregir el destello”. Finalmente -señalando las fotografías- me pidió que prestará mucha atención a eso que estaba viendo reproducido en esas imágenes, porque aquello era todo lo que iba a ocurrir en mi vida, así que convenía que preste mucha atención....

Es hasta el día de hoy que lo único que perdí de aquella aventura es el recuerdo de esas imágenes nominales. Mi tarea es recuperar apenas las primeras, los invito a descubrir al niño antes que se convierta en mago...



SEGUNDO PRÓLOGO :

Mi historia comienza con la visión de un hombre desesperado. Resignadamente confieso que soy yo. En la facultad me habían encomendado la tarea de concebir una autobiografía enfocada en la adolescencia. En un primer momento intenté improvisar una introspección, pero descubrí (no sin espanto), que no guardaba en mi memoria ningún resquicio de aquella etapa. De nada sirvió hurgar en las polvorientas cajas de reliquias familiares, él niño retratado en esas laminas no respondía mis cuestiones. Luego, con renovado ímpetu, aborde a mis parientes mas íntimos, con el propósito de recuperarme por intermedio de ellos, sin embargo la búsqueda fue infructuosa, debido a que aquel que se revelaba entre las coyunturas de sus discursos era otro, acaso sembrado por mi trato, en sus corazones, pero no ese pasado que necesito para afianzarme. Todavía faltaba una semana para la entrega pero yo ya preveía el fracaso. Pero justo entonces, durante ese trance hipnótico que separa la vigilia del sueño ocurrió el prodigio. Una voz no humana, me entregó –ahora lo sé- un don secreto. “Cinco noches, como cinco númenes, se erigen para justificar a un hombre en el tiempo y el espacio” terminó de decirlo y antes de entender algo me dormí.


PRIMERA NOCHE..

Caí en ese ensueño súbitamente. Me encontré en el patio de 1985 como si fuera la extensión de mi colchón y así sin cuestionar, con la naturalidad que se aceptan las cosas fatales, me reencontré por primera vez con el niño. Yo lo espiaba mientras él admiraba la Luna llena que desbordaba de azul el campo, sus ojos escudriñaban el satélite encendido con atención milimétrica, mientras yo, confinado en mi escondite observaba sin interrumpir ese estudio. “Me desconozco en todo con él -pensé-, excepto en su hambre de estrellas”.
En pocos días su padre (que es lo mismo que decir nuestro padre), golpeará fuerte la mesa del living, arrancará la foto familiar de su portarretratos y se irá. Nosotros haremos lo mismo, pero a casa de la abuela.
Es la primera y única vez que veré asustada a la Abuela, recuerdo que nos cobija enseguida, mi hermano no sabe que pasa, esta contento de ir a visitar a la abuela, yo no sé si sé o lo desconozco, mis papas se separaron.
La primera vez que vi a Dios fue en los ojos de mi madre, la segunda en los de mi abuela. Soy dichoso porque cuando lo necesito lo busco allí. Entre los altos Dones que corresponden a mi calidad de mago del sueño, ninguno mas caro que la posibilidad de concebir el infinito. En esta magnitud que claudican las mentes mas brillantes yo mido el amor que profeso a estas dos Señoras de mi felicidad.

En ese momento, lo confieso, sentí en toda mi humanidad la necesidad de abordar al niño. Mas para ampararlo que para prevenirle, sin embargo, me detuvo oportunamente una certeza fatal: “Nada puedo ganar advirtiendo a un ángel su destino, si su naturaleza liviana lo impulsa a aceptar mansamente su estrella”.


Esa mañana desperté temprano. Poco a poco me fui apartando de la odisea nocturna, como cuando se emerge de un río correntoso. En ese momento la voz reapareció, para advertirme que el olvido destructor borrará todas las imágenes que serán descubiertas durante estas cinco noches. “Ensayarás –sentenció- apenas una miscelánea ficción de estas revelaciones”. El hecho de que utilice genero autobiográfico para referirlas es quizás, una resistencia frente a la autoridad de ese Poder.

Ya durante la primera hora del día, había olvidado la noche anterior: los ojos redondos y ávidos de Luna, la madre con dos rostros Divinos y la necesidad angustiosa de dar amparo. Todo había vuelto a la sombra, durante ese día celeste no quedó reminiscencias del niño. Al final solo queda refirmar la frase de Alejandro Dolina, cuando dice que el destino de cualquier resistencia es ser derribada.


SEGUNDA NOCHE..

Esa noche, antes de conciliar el sueño recordé aquella superstición que me acompaña hace mucho tiempo. De algún modo siempre creí que las imágenes de los sueños guardaban algún propósito secreto, acaso la suma de todas esas imágenes nocturnas completen una cifra decisiva, que nos permite agotar la experiencia humana en el tiempo que comprende una vida.

Esta vez el sueño sobrevino despacio y luminoso como el alba sucede a la penumbra, así salte nueve años desde mi primera visión.
El niño le esta enseñando a su hermano (que es el mío). Le asegura que en verdad su familia procede de aquel Astro lejano pero resplandeciente que se muestra de noche, de donde fueron desterrados merced un terrible accidente y argumenta su discurso exponiendo una vasta mitología de parientes.
Siento envidia de la atención que presta el joven discípulo, sus ojos vidriosos devoran la sabiduría del maestro.

La visión se deforma de nuevo, para mutarse en otra escena.
Ahora veo claramente: ese que esta en la puerta de la casa de la abuela es mi padre, nadie le va a atender, vamos a hacer como si no hubiera nadie. El niño, se culpa porque de algún modo esta convencido que ha conspirado para que esto ocurriera así. Él no quería volver a ver a papá con mamá, y sé que esta convencido de haber obrado algún conjuro para que esta situación sucediera. Nada puede evitar que sintamos pena.

Dentro mío se coce en preguntas un espíritu: ¿Por qué no socorrer al niño, enseñarle su inocencia anunciarle que esta absuelto? ¿acaso alguien esta absuelto de lo que le sucede?. No entiendo como mi madre se vino a enamorar de este señor, ¿tal vez desconocía la regla del emperador Hengis Khan? El mongol que juzgaba la calidad de sus guerreros por las hazañas que estos demostraban solo en el campo de batalla.
Del mismo modo los hombres deberían ser juzgados solo por sus actos, de lo contrario, nos volvemos esclavos de ellos incluso con el pensamiento, cuando desvelamos noches dilucidando los motivos, causas o propósitos que los llevan a actuar de alguna u otra manera.
Sin embargo, de alguna forma, el amor trasciende esta esfera de la razón, yo con suerte lo descubriré luego, cuando no sea ni niño, ni mago, sino hombre.

Retoma Morfeo su oficio de montar naderías y su reflejo engañoso, me devuelve a la primavera de 1994. Estoy en el recreo de la primaria, unos compañeros están molestando a mi hermano, son de mi curso, sé que tengo que ir a socorrerlo pero el miedo me paraliza, son muchos pero eso no es excusa.. Siento el dolor del niño encarnado en mi propia piel, la vergüenza, ¡soy el niño!. Le grito fuerte “¡Eso no debe volver a ocurrir nunca mas!”. El pobre escucha la voz cercana y grave, como un trueno que le parte la cabeza. Pobre niño su inocencia no merece la conciencia atroz que le regalo.
Esa noche lo abrace mientras aún dormía. Le conté la escena que va a volver a ver en una película, allí el protagonista se jactaba del tamaño de su hermano mayor, sentenciaba que contemplaría el mundo montado sobre los hombros de su hermano. Lo mismo va a sentir el tuyo, le dije, cuando termines de perfeccionarte va a poder sentirse orgulloso de vos.

Ahora otro espejismo se incorpora a la realidad.
Estoy en el patio de la casa de mi abuela. Estoy jugando, pero es una diversión muy seria, estoy creando algo que imagino trascendental, porque siento que de algún modo es el génesis de mi consagración como niño genio. Deseo ser reconocido por mi creación o por alguna cualidad extraordinaria. Imagino a mi familia respondiendo entrevistas sobre mí, los imagino orgullosos. Toda esta escena, del niño, me provoca mucha gracia, porque ahora sé que si alguien es lo suficientemente inteligente, no existirá nadie que lo entienda.

Milagrosamente, como suceden las cosas en sueños. Estamos en la ciudad de Aluminé. Hemos venido varios en caravana, aparte de mamá, mi hermano y yo, libres en el paraíso vivo de la escarpada Cordillera.
He decidido presentarme ante el niño, porque necesito cuidarlo. Para no asustarlo me mostré primero en forma de lago, pero él no me prestó demasiada atención debido a su amor con la Luna que se me reflejaba; por eso decidí metamorfosear en una especie mas imponente y volverme toro la mañana siguiente, entre las tiendas. Todos se espantaron de mi visión, pero mi hermano y el niño sortearon obstáculos y lograron acercarse a la res. Cuando por fin atrape toda su curiosidad, los ojos feroces me bastaron para indagarlo, el niño devolviéndome el gesto con la mirada me confesó que era Feliz. Y yo me volví contento pero ligero, por temor a ensombrecer el milagro secreto que allí se gestaba.

Aquella mañana amanecí empapado en sudor sin entender nada de lo que había ocurrido, solo queda una sensación angustiante, quizás el apuro por volver a la vigilia.


TERCERA NOCHE..

Por alguna razón profunda que no entendía entonces, aquella tercera noche me costo conciliar el sueño.
La primera visión me trajo devuelta a los dieciséis años. Se operaba por entonces en mí cuerpo y en mi mente una revolución radical, que supo extralimitarse hasta ocasionar daños a terceros y vergüenza a quien la rememora. En su extrovertida rebeldía “el chico” busca imponer su identidad frente a los otros y no reparará en medios para hacerse notar. En principio El descubrimiento del genero fantástico de Cortazar a Quiroga, para justificar su decisión de abandonar la escuela técnica en busca de un futuro Humanista. Mi madre gigante y hermosa como una Catedral, recibe mis descabellados planteos con indulgente amor.
Rescato “del chico” su sincero compromiso con el arte, pero sobre todo, la capacidad de cultivar amistades que mas tarde devinieron en verdaderos hermanos de vida Todavía los tengo bien presentes, a uno mirando el cielo y otro la tierra, es como si pudiera abarcar el universo con sus amistades.
De repente me entrego a una contemplación estelar con mi entrañable amigo Néstor Altamirano, alguna madrugada de principios del siglo XXI. Surgía, como esta misma imagen onírica, el tema de un cuento reciente que había leído y me causó fuerte impresión, su nombre: La casa de Asterión, de un tal Jorge Luis Borges. Allí el protagonista (el mítico Minotauro de Minos), se escapa de su laberinto donde yacía enclaustrado, y descubre afuera otro laberinto mas grande y lo que es mas horroroso, descubre su verdadera identidad monstruosa. Deja de ser inocente cuando se descubre, tal vez me suceda lo mismo con esta autobiografía.

Esa Mañana, del sueño, solo recuerdo la constelación de estrellas mientras me baño. Descubro con asombro, que no miento si afirmo que son las mismas que alumbran las noches en vela. Eso me inquieta y me devuelve a la reivindicación onírica de Calderón.


CUARTA NOCHE..

Al cuarto sueño lo busque con impaciencia hasta conquistarlo.
Intento descubrir entre las emociones del “chico” la borrosa imagen que se muestra húmeda como si hubiera sido pintada al óleo. No lo puedo entender estoy besando a una mujer, ella condescendió por su voluntad a mi piel, su hechizo labial es un placebo feliz, me voy a acomodar en el seno pastoral de su abrazo y establecer en su relieve mi patria.

El “chico” encontró un amor que estima eterno, sin embargo ese presupuesto significa no condescender al encuentro de otra alma femenina y eso es un crimen imperdonable. Tampoco tolera la idea que su nueva novia tenga mas experiencia con el sexo opuesto que él. Yo mismo iba advertirle antes que cometa alguna imprudencia. Quería decirle que la experiencia que alude su novia tampoco es tan significante. Sin embargo yo me conozco demasiado bien para mentirme, y sé que los ojos felices de esa otra niña, son motivo suficiente para acometer cualquier rebelión.
Ya nos decía el seductor por esos años: “Usted sabe enamorado, que la vida vale menos que el amor..”

Siguiendo ese valiente precepto aposté por el amor... y perdí, porque no podría, ni quiero estar con la otra chica, y mí Eugenia ya no me quiere. Por eso lloro como un crío frente a mi eterno amigo Fernando Tapia. ¡Que vergüenza esta visión tan patética, debería perderse!, ¿por qué no se espanta mi compañero, porque no me golpea para que reaccione?. Recién ahora comprendo que existen actos que nos reivindican para toda la vida, mi amigo es el ejemplo vivo de uno de esos pocos casos.

Un fuego vivificante me encendió esa mañana que desperté totalmente repuesto como si me hubieran liberado con el sueño de un peso insoportable.


QUINTA NOCHE..

Aún sin recordar nada de la serie de prodigios que soy protagonista, aquella noche me resistí a conciliar el sueño. De algún modo quería retrasar aquello que sería mi ultima magia.

Por fin dormido sentencié: ¡en el sueño el sentido es claro! Pero nadie oyó porque ya estaba dormido, excepto un viejito que apareció sentado en un banco del boulevard próximo a la Facultad del Comahue, frente a la efigie de un León. Por alguna razón esa imagen me recordó una fantasía de Jorge Luis Borges. Lo imagine a él en Florencia admirando aquel Leopardo que inspiró a Dante el primer Canto de la Divina Comedia.
Distendido como iba en mi contemplación, me otorgué la licencia de recordar la anécdota en voz alta: A aquel Leopardo –citaba- un sueño le revela que fue creado para que Dante lo vea y lo use en su poema. El leopardo en el sueño entiende eso, pero cuando despierta naturalmente ¿cómo va a entender que él existe para que un hombre escriba un poema? Y luego el Maestro reforzaría afirmando que: si a Dante le hubiera sido revelado porque él ha escrito la Comedia, él podría entenderlo en un sueño, pero al despertar no sería tan complicada la razón como la otra para el leopardo...

Seguía abstraído en mi periplo, cuando me distrajo el hombre gris del banco, que balbuceaba frases incomprensibles en un dialecto desconocido, de un momento a otro sus sonidos cobraron sentido y pude entender lo que decía: “...acaso solo la poesía es lo suficientemente inmediata para descubrir la verdad. Y la razón, el desesperado intento por justificarla..”
Me acerque y le dije:
- Señor, ¿Usted es oriental o argentino?
- Argentino. (fue su rápida respuesta)

Hubo un silencio largo, lo que hubiera propiciado el fin de la conversación, sin embargo me había interesado su comentario, así que seguí con otra apreciación intrascendental.
- Que bello crepúsculo. (Note que su perfil se fijaba en el horizonte)
- A esta edad es lo único que me queda. La ceguera es un lento atardecer de verano.
Respondió resignado, como si no hubiera advertido la gravedad de mi equívoco, o pretendiera educadamente pasarlo por alto. Sin embargo por mi parte la vergüenza me recordó que hubiera podido cortar antes este el diálogo. Me acerque para observar su rostro, no recuerdo si sus ojos eran grises o celestes, sin embargo comprobé su ceguera.

Avergonzado me disponía a partir cuando él me detuvo.
- No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica –dijo eso y luego preguntó- ¿Así que eres escritor?
- ¿¡Cómo lo supo!?.. Quiero decir, pretendo serlo...
- Ocurre que ninguna otra especie me hubiera notado.
Respondió sarcásticamente y conocí por primera vez su sonrisa, que se alargaba sin fin en el rostro. Yo también sonreí y sentí que de algún modo esa risa nos acercaba, incluso en cierto sentido me reconocí con él.
- Siendo que es escritor ¿qué escribe?
Me interrogó de nuevo, y sus palabras como dagas hicieron que me brotara un rubor intenso. Acorralado tuve que confesar que lo escribía a él.

Volvió el rostro hacia mí, como denotando sorpresa. Creo que voy a incurrir en herejía, pero la verdad es que yo frente a ese señor, me sentí Moisés ante el Ararat.


ÉXODO..

Termine esta autobiografía durante la madrugada del 1 de Noviembre. No esperaré que compartan conmigo esta conmoción que me fulmina, pero doy testimonio para que los que escuchen emulen esta práctica subjetiva. El resultado es una de las formas de la resurrección.

2 comentarios:

Maia dijo...

Definitivamente este es mi favorito.
Quiero felicitarte por tus logros y reivindicar tu esfuerzo.. es admirable tu capacidad de expresar los sentimientos.

Anónimo dijo...

Pablo este me fascino porque contas cosas muy lindas las cuales me encanta que lo compartas con nosotras tus lectoras jaja.
Creo que tenes un importante DON de escribir cosas maravillosas, por eso te deceo mucha suerte en tu eficaz manera de escribir.