miércoles, 13 de febrero de 2008

EL ESPEJO

…hacia dónde y hasta cuándo,

esas son cosas de Dios…

Arbolito.

Primer Movimiento, Rexacosis:

El borracho me aconsejó en algún bar: si el olvido –dijo- dibujo, con carmín en el colchón, el perfil de un viejo amor, pinta un corazón con aliento hecho de alcohol y su imagen se borrará. Alejandro le hizo decir al enamorado de su Opereta que, el amor vale menos que la vida. Serrano, que el amor es eterno hasta que se termina. Borges, que el único perdón es el olvido. Yo solo sé, que nada de esto puede evitar que hoy sienta pena.

Segundo Movimiento, Profundis:

Pongamos que esto que les voy a contar es un sueño, pongamos que es acaso una pesadilla. Pongamos que al principio le pido que empecemos de nuevo, que me diga que solo fue un sueño, extiendo el brazo por una vez y la tengo dormida como todas las noches del lado izquierdo del lecho.

La carretera se alarga, es un viaje en ausencia y el horizonte también se alarga a lo lejos. Nubes cómplices me persiguen tristes, y reflejan sombras espectrales sobre pies percudidos de la patagonia, esa antigua potestad del gaucho y del mapuche, aquellos la han dejado huérfana, ahora, lo mismo que la tierra, mi alma se retuerce en remembranza. Por ultimo, una choza resiste indefensa como un arbusto prendido desde donde termina el horizonte, a lo alto le brota una cumbre borrascosa, se eleva gravitando mas liviana que el aire, como una maldición gris. Yo solo rogaba una excusa que me libere del bullicio en mi cabeza.

Tercer movimiento, Confessionum:

En primer lugar te escribo este mail porque me lo preguntaste y en segundo porque escribir siempre es lo último y lo primero que me queda. Yo estoy bien Amiga, se podría decir que estoy encontrándome conmigo ó mejor dicho, amigándome con una vieja enemiga, muy temida, que se llama soledad.

Desde que empece a salir con Eugenia jamás había estado verdaderamente solo (habló en el sentido de pareja), es verdad que tuvimos nuestros cortes temporales o ensayos de separación, pero lo triste es que en esos lapsos siempre surgía alguna historia improvisada, hecha a los apurones, que nunca podría haber prosperado. Parte por esa razón, he decidido tomarme muy enserio este tiempo para mí, para madurar espiritualmente, lo cierto es que uno cuando hace las cosas por despecho, por impulso, o solo por deseo; o incluso cuando deja de hacer o decir las cosas por miedo, entonces podes estar seguro de que estas errando y lo que es aún peor, podes estar dañado a una persona y eso sí es imperdonable.

Los conflictos de las relaciones de pareja suelen seguir patrones comunes, entre estos argumentos tan trillados del corazón, existen un número conocido de casos. Creo que esta vez me tocó vivir el caso en el que hay uno de la pareja que no dice la verdad por temor a dañar al otro, por ejemplo, alguien al que se le a acabado el amor y no se lo dice a su pareja; en esos casos el sujeto comienza a amasar por dentro un rencor inconsciente hacia la otra persona y ese mismo veneno es la ponzoña que los va pudriendo a los dos. Tanto al que no dice la verdad por miedo a herir, pero soporta esa carga volviéndose cada vez mas resentido y oscureciéndosele el espíritu, producto de la mentira que esconde; y del otro lado el enamorado, que no entiende porque todos los proyectos se disuelven entre las manos, como si de repente estuviera construyendo efímeros castillos en la arena. No es necesario revelar aquí quien personificó a quién en esta historia, si pretendemos ser exhaustivos con la evidencia, descubriremos que en este caso y a lo largo de toda la relación estos roles se fueron rotando, por eso todos los protagonistas ya son exonerados, mi alma los absuelve y también el inefable Tiempo que solo le teme a las Pirámides, porque a todo lo demás lo desvanece y vuelve polvo de nada.

Los griegos, que fueron más sabios que nosotros, personificaron a Eros, dios del amor, como un niño alado con los ojos vendados, de ahí se desprende que el enamorado es ciego e indefenso frente al objeto de su amor, por eso siempre que suceda el hecho que referí antes, debe ser el desamorado quién ponga el límite a la autodestrucción de estos dos sujetos, porque el otro, lleno del espíritu misericordioso del cariño, esta dispuesto a sufrirlo todo y culparse de todo, solo por amor.

Así es amiga, luego de este exordio catártico, vuelvo aquí y ahora, te cuento que actualmente estoy desbordado de proyectos y ocupaciones que me tienen atareado todo el día, además tengo un entorno de amistades glorioso, que son como hermanos y hermanas, los cuales, sumados a mi propia familia me sirven como pilares inquebrantables, además, como dice Vicentino en la canción, son los que “me cubren cuando voy a llorar”. Esto me llena de orgullo y me hace sentir que al menos algo habré hecho bien en esta vida, como para ser merecedor de semejante cohorte de Querubines.

Pero lamentablemente con las horas se acerca la noche y el ruido se apaga, entonces vuelvo a estar solo, es entonces cuando se siente la ausencia, empieza con un pequeño recuerdo, acaso algún objeto entrañable que viene a delatar un parentesco fantástico con otro mundo perdido, luego ese sentimiento angustiante pasa a ser un dolor literalmente físico que punza el estomago hasta retorcerte como el dolor de hígado. Pero aún no esta todo perdido, es el chasquido de un grillo en el pecho, y estoy seguro que el corazón no ha muerto, esta blindado, me doy cuenta de eso muy tarde de madrugada, cuando siento que golpea las paredes de la coraza.

Ahora me estoy preguntando si describir todo este patetismo es necesario, estoy preguntándome esto cuando me distrae otro pensamiento mas fuerte y perturbador “que hago yo confesándote todo esto, por qué te hago participe de mis miserias” ojalá me perdones por eso o me entiendas, lo que pasa es que cuando escribo, es una fuerza natural y arcana la que se desborda, dejándome fuera de mi capacidad de censura, hay una letra de una canción que me gusta mucho, dice “..a mí locura no la llaman temporal, la llaman Tormenta o Tempestad” siguiendo esa línea, mi locura es escribirte esta confesión desencadenada.

La palabra “Santo” significa “puesto a parte”. Durante su peregrinar Jesús reunió multitudes que lo acompañaban, a todas les habló y dijo grandes cosas, pero lo cierto es que solo unos pocos (doce exactamente), son los que El puso a parte y bautizo apóstoles. Un día cualquiera, Raul me reveló el porque de esa preferencia; él notó durante sus lecturas bíblicas una particularidad que distinguía a los futuros apóstoles del resto del gentío, los primeros no se quedaban solo con el discurso que daba Cristo entre milagros de curación y multiplicación de panes, sino que llegaban hasta la tienda donde iba a descansar el Maestro, y lo cuestionaban para que les explique mejor eso que había proclamado durante la tarde a todas voces. Esta conversación privada y dialogada permitía que entendieran mejor el mensaje y despejaran dudas. Mientras muchos seguían al Profeta solo por los prodigios que emanaban de su compañía, hubo unos pocos que se interesaron por lo que tenía que decir ese Hombre, y así, se hicieron, ellos mismos por merito propio y elección: Apóstoles.

Salvando las infinitas diferencias del caso, yo creo que fue por una razón parecida que hoy me despacho con esta inmensa confidencia, solo porque vos preguntaste en el momento oportuno con las palabras indicadas y con este medio que es la escritura, el único en el que me siento lo suficientemente cómodo para decir algo tan intimo. Muchos buenos amig@s me han preguntado insistentemente que les revele, qué pasó con mi relación, incluso algunas chicas me han hecho sentir que están desilusionadas de mí o me acusan de no valorarlas como amigas, como si yo no confiara en ellas para contarles estas cosas. Lo cierto es que ni siquiera yo entendía nada de lo que había pasado, mucho menos podía explicárselo a alguien, y recién ahora, de madrugada, desarmado y de cara a la pegunta, me libero y suelto un montón de cosas que desconocía. Seguramente voy a publicar esto en mi blog esperando que los que todavía no me entienden, comprendan que no es por desconfianza que no comparto mis cosas.

Que decir después de tanta catarsis, lo cierto es que ya me siento liberado. Lo que estoy viviendo ahora es un proceso de redescubrimiento de mí mismo, acaso un renacer, eso es bueno, y lo mas increíble es que es posible, yo jamás creí que era posible algo después de Eugenia, pero lo es. Es cierto que el mundo no se enteró de nada, que no sonó ninguna trompeta, ni crujió la montura de ningún jinete maldito, pero la verdad es que Armagedon fue mi cama y yo ardí allí.

Hoy le confesé a Martín que yo hubiera hecho cualquier cosa por Amor a Eugenia, cualquier hazaña o sacrificio me hubiera quedado chico y lo hubiera aceptado con gusto para defenderla.

Recuerdo que existe una leyenda tradicional que se repite en diferentes culturas, siempre hay en esa historia una princesa, y un valiente que viene a pedir su mano. Ya desde ese primer encuentro se advierte una mirada, acaso un ademán o un gesto mínimo, que no queda registrado por el autor en el texto, pero igual se percibe, quizás la entonación de las vocales o la exacerbada adjetivación de la dama; lo cierto es que de alguna manera, en ese momento estático, ya sabemos que la princesa jamás va a corresponder al guerrero enamorado, no importa las proezas que éste ejecute en nombre de su amor, ella no lo quiere a su lado y el destino esta fijado. El enamorado también advierte el rechazo, pero sabe que ese es el único espanto que su corazón no podría soportar. La princesa piadosa le concede el riesgo de una proeza grandiosa. “..si la superas –le dice- y sales victorioso de este peligro, entonces yo seré tuya para siempre..” El enamorado sale eufórico con este desafió, se enfrenta con Dragones y orcos encantados, pero siempre que vuelve con la princesa ella lo encomienda a una prueba mayor y cada vez más peligrosa, con la promesa de entregarle su amor si sobrevive. Lo cierto es que ambos saben que ese romance jamás se va concretar, pero él prefiere la ilusión del amor posible, antes que la certeza del rechazo.

Volviendo al tema del inicio de este párrafo: Cuando le confesé a Martín que yo hubiera enfrentado cualquier peligro y arremetido cualquier proeza por Eugenia. Él me contestó que posiblemente no hice todo, porque sino estaría en este mismo momento peleando por recuperarla. Lo que mi amigo no sabe, y yo no pude decirle en ese momento, es que el hecho de que yo no este asediándola, pisándole las huellas o tramando ardides para recuperarla, es el mayor acto de amor que puedo regalarle y a la ves, el sacrificio mas grande. Yo podría perseguirla y atraparla, quizás hasta volvería conmigo, pero no sería una decisión que haya madurado de su corazón, sería una respuesta condicionada a mi esfuerzo, yo podría encadenarla, pero no sería amor el mineral de esos eslabones.

Cuarto Movimiento, Revelationis:

Llegamos al Amor, por fin llegamos al Amor. Amiga, nunca hagas nada si no es Amor la primera Causa y el último Fin. Nada en este mundo guarda algún sentido si no es Amor la empresa.

Hace poco Nestor, me refutó una charla diciendo que Cristo no hizo, ni dijo nada nuevo cuando pasó por este mundo, sino que fue un compendio de enseñanzas que ya dijeron otros sabios antes. Lo cierto es que si lo hizo, si trajo algo nuevo: abocados a este desafío podríamos resumir al máximo posible los evangelios, acaso una frase, una palabra; entenderemos que la buena nueva a la que se hace referencia ya desde el nombre de los libros, es la revelación de que Dios nos Ama, por eso el Dios cristiano es personal y no una energía abstracta, porque para amar es necesario la conmiseración, esa que experimentó ese ser omnipotente y omnipresente cuando modifica su naturaleza volviéndose carne para sufrir entre nosotros como iguales.

Hace un tiempo estuvimos conversando con Carlos, él me enseñaba el Amor de Dios con una parábola muy hermosa: se preguntaba porque en medio de una sabana cualquiera, alejada de cualquier ojo que la perciba, nace una flor bellísima, qué misteriosa responsabilidad –decía- le obliga a esa flor perdida a ser bella, pero a la vez invisible. Explicaba Carlos (mucho mejor de cómo yo lo transcribo ahora), que así nos ve Dios, provistos de una belleza intrínseca, privativa solo de la condición de sujeto. Anterior a cualquier actitud o decisión que tomemos, Dios nos ve como emanación de la creación Divina y por eso nos ama incondicionalmente y primitivamente, porque en ese estado somos bellos, igual que aquella flor perdida. Por eso, y solo por eso, se entiende que en la cruz nos perdonan: Por Amor y solo por AMOR.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Reencuentro

El Beso, de Epifanio.


(A instancia de un mar rojo teñido por sangre, y esqueletos férreos se yerguen como cruces enormes e improvisadas. Todo durante el crepúsculo extraño de la guerra)

Teseo.- Al fin os encuentro.
Meelen.- Vos siempre me halláis…
Teseo.- Cruzó mucho tiempo el cause angosto…
Meelen.- El tiempo no cuenta, siempre somos el mismo instante.
Pero ¿cómo me acompaña a éste paraje callado en la hora nona? a éste rincón prohibido, el único que ampara al Sol y la Luna en su encuentro secreto. ¡Silencio señor! Deteneos un instante, no disipéis discreciones al blando éter, tened cuidado porque éste romance es blando, como son los amores verdaderos. Oíd, si es licito que sientas la magia manar de la tierra, lo tibio del Sol y sensual de la Luna. ¡Que marco maravilloso escogieron los enamorados! Con éste Océano sedoso. Lastima el mar, el enrojecido mar, no aprendió nunca, no supo ser discreto, su orgullo lo delató, nunca pudo esconderse de la gente, sino hubiera sido eterno, lo mismo que el Sol y la blanca Luna, no lo hubiesen matado, pero ahora la magia esta muerta de pena. Sin embargo, los astros siguen reuniendose aquí, yo soy su confidente ahora. Sabe señor mío, yo no quiero morir, morir es triste y sucio. Es como este mar y como el viento que lo azota y siempre se queja en el crepúsculo. Quizá una risa bastara, una sonrisa siquiera, pero es imposible que sea cierto. ¡Abrásame señor, abrázame fuerte¡ no os atreváis a soltarme nunca más, que la marea me llama por mí nombre y hay un niño que entrega ayes suplicantes a la costa, reconoce en ni voz a la madre, a la compañera. Pobrecillo, y yo que solo soy un montón de palabras en el viento. El viento esta lleno de llantos ajenos. Ojalá cayera una lagrima soberana del cielo, morir ahogada será limpio. El olor a churrasco crudo es un asco… lo odio…odio la sangre quemada…es sucia.
¡Huye galán! todavía hay tiempo para usted, soberano de los ricos dones, tú que sabes amar escapa, os prevengo, que he perdido todo, y de tanto querer, no quiero nada, ni la muerte me seduce, ahora soy una caja hueca sin melodía…
Teseo.- ¿Por qué pareces inalcanzable? ¿Acaso aún te busco, corazón?
Meelen.- Siento miedo. Teseo ¿vivir es un miedo?

Fragmento extraido de la Obra inédita "Sailor Teseo"