miércoles, 13 de febrero de 2008

EL ESPEJO

…hacia dónde y hasta cuándo,

esas son cosas de Dios…

Arbolito.

Primer Movimiento, Rexacosis:

El borracho me aconsejó en algún bar: si el olvido –dijo- dibujo, con carmín en el colchón, el perfil de un viejo amor, pinta un corazón con aliento hecho de alcohol y su imagen se borrará. Alejandro le hizo decir al enamorado de su Opereta que, el amor vale menos que la vida. Serrano, que el amor es eterno hasta que se termina. Borges, que el único perdón es el olvido. Yo solo sé, que nada de esto puede evitar que hoy sienta pena.

Segundo Movimiento, Profundis:

Pongamos que esto que les voy a contar es un sueño, pongamos que es acaso una pesadilla. Pongamos que al principio le pido que empecemos de nuevo, que me diga que solo fue un sueño, extiendo el brazo por una vez y la tengo dormida como todas las noches del lado izquierdo del lecho.

La carretera se alarga, es un viaje en ausencia y el horizonte también se alarga a lo lejos. Nubes cómplices me persiguen tristes, y reflejan sombras espectrales sobre pies percudidos de la patagonia, esa antigua potestad del gaucho y del mapuche, aquellos la han dejado huérfana, ahora, lo mismo que la tierra, mi alma se retuerce en remembranza. Por ultimo, una choza resiste indefensa como un arbusto prendido desde donde termina el horizonte, a lo alto le brota una cumbre borrascosa, se eleva gravitando mas liviana que el aire, como una maldición gris. Yo solo rogaba una excusa que me libere del bullicio en mi cabeza.

Tercer movimiento, Confessionum:

En primer lugar te escribo este mail porque me lo preguntaste y en segundo porque escribir siempre es lo último y lo primero que me queda. Yo estoy bien Amiga, se podría decir que estoy encontrándome conmigo ó mejor dicho, amigándome con una vieja enemiga, muy temida, que se llama soledad.

Desde que empece a salir con Eugenia jamás había estado verdaderamente solo (habló en el sentido de pareja), es verdad que tuvimos nuestros cortes temporales o ensayos de separación, pero lo triste es que en esos lapsos siempre surgía alguna historia improvisada, hecha a los apurones, que nunca podría haber prosperado. Parte por esa razón, he decidido tomarme muy enserio este tiempo para mí, para madurar espiritualmente, lo cierto es que uno cuando hace las cosas por despecho, por impulso, o solo por deseo; o incluso cuando deja de hacer o decir las cosas por miedo, entonces podes estar seguro de que estas errando y lo que es aún peor, podes estar dañado a una persona y eso sí es imperdonable.

Los conflictos de las relaciones de pareja suelen seguir patrones comunes, entre estos argumentos tan trillados del corazón, existen un número conocido de casos. Creo que esta vez me tocó vivir el caso en el que hay uno de la pareja que no dice la verdad por temor a dañar al otro, por ejemplo, alguien al que se le a acabado el amor y no se lo dice a su pareja; en esos casos el sujeto comienza a amasar por dentro un rencor inconsciente hacia la otra persona y ese mismo veneno es la ponzoña que los va pudriendo a los dos. Tanto al que no dice la verdad por miedo a herir, pero soporta esa carga volviéndose cada vez mas resentido y oscureciéndosele el espíritu, producto de la mentira que esconde; y del otro lado el enamorado, que no entiende porque todos los proyectos se disuelven entre las manos, como si de repente estuviera construyendo efímeros castillos en la arena. No es necesario revelar aquí quien personificó a quién en esta historia, si pretendemos ser exhaustivos con la evidencia, descubriremos que en este caso y a lo largo de toda la relación estos roles se fueron rotando, por eso todos los protagonistas ya son exonerados, mi alma los absuelve y también el inefable Tiempo que solo le teme a las Pirámides, porque a todo lo demás lo desvanece y vuelve polvo de nada.

Los griegos, que fueron más sabios que nosotros, personificaron a Eros, dios del amor, como un niño alado con los ojos vendados, de ahí se desprende que el enamorado es ciego e indefenso frente al objeto de su amor, por eso siempre que suceda el hecho que referí antes, debe ser el desamorado quién ponga el límite a la autodestrucción de estos dos sujetos, porque el otro, lleno del espíritu misericordioso del cariño, esta dispuesto a sufrirlo todo y culparse de todo, solo por amor.

Así es amiga, luego de este exordio catártico, vuelvo aquí y ahora, te cuento que actualmente estoy desbordado de proyectos y ocupaciones que me tienen atareado todo el día, además tengo un entorno de amistades glorioso, que son como hermanos y hermanas, los cuales, sumados a mi propia familia me sirven como pilares inquebrantables, además, como dice Vicentino en la canción, son los que “me cubren cuando voy a llorar”. Esto me llena de orgullo y me hace sentir que al menos algo habré hecho bien en esta vida, como para ser merecedor de semejante cohorte de Querubines.

Pero lamentablemente con las horas se acerca la noche y el ruido se apaga, entonces vuelvo a estar solo, es entonces cuando se siente la ausencia, empieza con un pequeño recuerdo, acaso algún objeto entrañable que viene a delatar un parentesco fantástico con otro mundo perdido, luego ese sentimiento angustiante pasa a ser un dolor literalmente físico que punza el estomago hasta retorcerte como el dolor de hígado. Pero aún no esta todo perdido, es el chasquido de un grillo en el pecho, y estoy seguro que el corazón no ha muerto, esta blindado, me doy cuenta de eso muy tarde de madrugada, cuando siento que golpea las paredes de la coraza.

Ahora me estoy preguntando si describir todo este patetismo es necesario, estoy preguntándome esto cuando me distrae otro pensamiento mas fuerte y perturbador “que hago yo confesándote todo esto, por qué te hago participe de mis miserias” ojalá me perdones por eso o me entiendas, lo que pasa es que cuando escribo, es una fuerza natural y arcana la que se desborda, dejándome fuera de mi capacidad de censura, hay una letra de una canción que me gusta mucho, dice “..a mí locura no la llaman temporal, la llaman Tormenta o Tempestad” siguiendo esa línea, mi locura es escribirte esta confesión desencadenada.

La palabra “Santo” significa “puesto a parte”. Durante su peregrinar Jesús reunió multitudes que lo acompañaban, a todas les habló y dijo grandes cosas, pero lo cierto es que solo unos pocos (doce exactamente), son los que El puso a parte y bautizo apóstoles. Un día cualquiera, Raul me reveló el porque de esa preferencia; él notó durante sus lecturas bíblicas una particularidad que distinguía a los futuros apóstoles del resto del gentío, los primeros no se quedaban solo con el discurso que daba Cristo entre milagros de curación y multiplicación de panes, sino que llegaban hasta la tienda donde iba a descansar el Maestro, y lo cuestionaban para que les explique mejor eso que había proclamado durante la tarde a todas voces. Esta conversación privada y dialogada permitía que entendieran mejor el mensaje y despejaran dudas. Mientras muchos seguían al Profeta solo por los prodigios que emanaban de su compañía, hubo unos pocos que se interesaron por lo que tenía que decir ese Hombre, y así, se hicieron, ellos mismos por merito propio y elección: Apóstoles.

Salvando las infinitas diferencias del caso, yo creo que fue por una razón parecida que hoy me despacho con esta inmensa confidencia, solo porque vos preguntaste en el momento oportuno con las palabras indicadas y con este medio que es la escritura, el único en el que me siento lo suficientemente cómodo para decir algo tan intimo. Muchos buenos amig@s me han preguntado insistentemente que les revele, qué pasó con mi relación, incluso algunas chicas me han hecho sentir que están desilusionadas de mí o me acusan de no valorarlas como amigas, como si yo no confiara en ellas para contarles estas cosas. Lo cierto es que ni siquiera yo entendía nada de lo que había pasado, mucho menos podía explicárselo a alguien, y recién ahora, de madrugada, desarmado y de cara a la pegunta, me libero y suelto un montón de cosas que desconocía. Seguramente voy a publicar esto en mi blog esperando que los que todavía no me entienden, comprendan que no es por desconfianza que no comparto mis cosas.

Que decir después de tanta catarsis, lo cierto es que ya me siento liberado. Lo que estoy viviendo ahora es un proceso de redescubrimiento de mí mismo, acaso un renacer, eso es bueno, y lo mas increíble es que es posible, yo jamás creí que era posible algo después de Eugenia, pero lo es. Es cierto que el mundo no se enteró de nada, que no sonó ninguna trompeta, ni crujió la montura de ningún jinete maldito, pero la verdad es que Armagedon fue mi cama y yo ardí allí.

Hoy le confesé a Martín que yo hubiera hecho cualquier cosa por Amor a Eugenia, cualquier hazaña o sacrificio me hubiera quedado chico y lo hubiera aceptado con gusto para defenderla.

Recuerdo que existe una leyenda tradicional que se repite en diferentes culturas, siempre hay en esa historia una princesa, y un valiente que viene a pedir su mano. Ya desde ese primer encuentro se advierte una mirada, acaso un ademán o un gesto mínimo, que no queda registrado por el autor en el texto, pero igual se percibe, quizás la entonación de las vocales o la exacerbada adjetivación de la dama; lo cierto es que de alguna manera, en ese momento estático, ya sabemos que la princesa jamás va a corresponder al guerrero enamorado, no importa las proezas que éste ejecute en nombre de su amor, ella no lo quiere a su lado y el destino esta fijado. El enamorado también advierte el rechazo, pero sabe que ese es el único espanto que su corazón no podría soportar. La princesa piadosa le concede el riesgo de una proeza grandiosa. “..si la superas –le dice- y sales victorioso de este peligro, entonces yo seré tuya para siempre..” El enamorado sale eufórico con este desafió, se enfrenta con Dragones y orcos encantados, pero siempre que vuelve con la princesa ella lo encomienda a una prueba mayor y cada vez más peligrosa, con la promesa de entregarle su amor si sobrevive. Lo cierto es que ambos saben que ese romance jamás se va concretar, pero él prefiere la ilusión del amor posible, antes que la certeza del rechazo.

Volviendo al tema del inicio de este párrafo: Cuando le confesé a Martín que yo hubiera enfrentado cualquier peligro y arremetido cualquier proeza por Eugenia. Él me contestó que posiblemente no hice todo, porque sino estaría en este mismo momento peleando por recuperarla. Lo que mi amigo no sabe, y yo no pude decirle en ese momento, es que el hecho de que yo no este asediándola, pisándole las huellas o tramando ardides para recuperarla, es el mayor acto de amor que puedo regalarle y a la ves, el sacrificio mas grande. Yo podría perseguirla y atraparla, quizás hasta volvería conmigo, pero no sería una decisión que haya madurado de su corazón, sería una respuesta condicionada a mi esfuerzo, yo podría encadenarla, pero no sería amor el mineral de esos eslabones.

Cuarto Movimiento, Revelationis:

Llegamos al Amor, por fin llegamos al Amor. Amiga, nunca hagas nada si no es Amor la primera Causa y el último Fin. Nada en este mundo guarda algún sentido si no es Amor la empresa.

Hace poco Nestor, me refutó una charla diciendo que Cristo no hizo, ni dijo nada nuevo cuando pasó por este mundo, sino que fue un compendio de enseñanzas que ya dijeron otros sabios antes. Lo cierto es que si lo hizo, si trajo algo nuevo: abocados a este desafío podríamos resumir al máximo posible los evangelios, acaso una frase, una palabra; entenderemos que la buena nueva a la que se hace referencia ya desde el nombre de los libros, es la revelación de que Dios nos Ama, por eso el Dios cristiano es personal y no una energía abstracta, porque para amar es necesario la conmiseración, esa que experimentó ese ser omnipotente y omnipresente cuando modifica su naturaleza volviéndose carne para sufrir entre nosotros como iguales.

Hace un tiempo estuvimos conversando con Carlos, él me enseñaba el Amor de Dios con una parábola muy hermosa: se preguntaba porque en medio de una sabana cualquiera, alejada de cualquier ojo que la perciba, nace una flor bellísima, qué misteriosa responsabilidad –decía- le obliga a esa flor perdida a ser bella, pero a la vez invisible. Explicaba Carlos (mucho mejor de cómo yo lo transcribo ahora), que así nos ve Dios, provistos de una belleza intrínseca, privativa solo de la condición de sujeto. Anterior a cualquier actitud o decisión que tomemos, Dios nos ve como emanación de la creación Divina y por eso nos ama incondicionalmente y primitivamente, porque en ese estado somos bellos, igual que aquella flor perdida. Por eso, y solo por eso, se entiende que en la cruz nos perdonan: Por Amor y solo por AMOR.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Reencuentro

El Beso, de Epifanio.


(A instancia de un mar rojo teñido por sangre, y esqueletos férreos se yerguen como cruces enormes e improvisadas. Todo durante el crepúsculo extraño de la guerra)

Teseo.- Al fin os encuentro.
Meelen.- Vos siempre me halláis…
Teseo.- Cruzó mucho tiempo el cause angosto…
Meelen.- El tiempo no cuenta, siempre somos el mismo instante.
Pero ¿cómo me acompaña a éste paraje callado en la hora nona? a éste rincón prohibido, el único que ampara al Sol y la Luna en su encuentro secreto. ¡Silencio señor! Deteneos un instante, no disipéis discreciones al blando éter, tened cuidado porque éste romance es blando, como son los amores verdaderos. Oíd, si es licito que sientas la magia manar de la tierra, lo tibio del Sol y sensual de la Luna. ¡Que marco maravilloso escogieron los enamorados! Con éste Océano sedoso. Lastima el mar, el enrojecido mar, no aprendió nunca, no supo ser discreto, su orgullo lo delató, nunca pudo esconderse de la gente, sino hubiera sido eterno, lo mismo que el Sol y la blanca Luna, no lo hubiesen matado, pero ahora la magia esta muerta de pena. Sin embargo, los astros siguen reuniendose aquí, yo soy su confidente ahora. Sabe señor mío, yo no quiero morir, morir es triste y sucio. Es como este mar y como el viento que lo azota y siempre se queja en el crepúsculo. Quizá una risa bastara, una sonrisa siquiera, pero es imposible que sea cierto. ¡Abrásame señor, abrázame fuerte¡ no os atreváis a soltarme nunca más, que la marea me llama por mí nombre y hay un niño que entrega ayes suplicantes a la costa, reconoce en ni voz a la madre, a la compañera. Pobrecillo, y yo que solo soy un montón de palabras en el viento. El viento esta lleno de llantos ajenos. Ojalá cayera una lagrima soberana del cielo, morir ahogada será limpio. El olor a churrasco crudo es un asco… lo odio…odio la sangre quemada…es sucia.
¡Huye galán! todavía hay tiempo para usted, soberano de los ricos dones, tú que sabes amar escapa, os prevengo, que he perdido todo, y de tanto querer, no quiero nada, ni la muerte me seduce, ahora soy una caja hueca sin melodía…
Teseo.- ¿Por qué pareces inalcanzable? ¿Acaso aún te busco, corazón?
Meelen.- Siento miedo. Teseo ¿vivir es un miedo?

Fragmento extraido de la Obra inédita "Sailor Teseo"

domingo, 20 de enero de 2008

Clasicos I

"si me clasificas o me etiquetas, me niegas "(Kierkegaard)

Hola Amigazo!
Debo confesar que recién ayer pude leer su mensaje, el cual me había sido imposible abrir producto de la deplorable transferencia que debemos sufrir en el trabajo..
No importa, la verdad es que me emocione mucho leyendo tus palabras, pero lo que mas me alegró es saber que conseguí un amigo.
Históricamente los hombres creamos conceptos que luego normalizamos creyéndolos naturales. Así hemos impuesto a la realidad un montón de mentiras y valores artificiales dentro de los cuales pretendemos medir nuestras pequeñas vidas. Sé que en setenta años (que es el promedio de una vida humana) resulta imposible saber el valor de los hombres que conocemos. En contraposición a esto se crea la que denominaré Categoría Humana o de Artificio: las llamo así porque son las normas con las que se intenta circunscribir la experiencia humana, según una serie de normas, que entran en el tiempo de una vida, así nos enseñan que hay que ir a la escuela, luego formarse en la Universidad, conseguir un buen empleo, y mas tarde familia e hijos. Esto es la evaluación que se puede hacer desde el punto de vista de la sociedad actual, según el cual, podemos establecer la prosperidad de una persona en tanto se alinea a este ideal, o en contraposición el fracaso si se aleja de estas reglas. Es bajo estas jerarquías, que le preguntamos a un conocido que no vemos hace tiempo “cómo estas, qué es de tu vida”, normalmente esperamos que organice su biografía según estos aspectos.

Organizarnos estableciendo parámetros comunes que nos ayuden a entendernos esta muy bien, sin embargo, sería interesante poder difundir entre la gente, que existe además de estas categorías, otras que son de diferente naturaleza. Por ejemplo, vos en el mail que me mandaste, nombraste a dos insignes escritores (cuya semejanza, a la cual aludís, definitivamente no soy merecedor :p) Borges y Neruda, ninguno terminó la Universidad, sin embargo a nadie se le ocurriría cuestionar al primero como escritor o al segundo como poeta. Según mi punto de vista, estos últimos son Clásicos porque se han dedicado a cultivar una parte del espíritu que no se puede medir en las categorías convencionales que utiliza la gente común. Si la primera categoría que denuncie la llame Humana o de Artificio, la que voy a nombrar ahora debería denominarse Categorías Divinas o Transcendentales: esta es la que cultivaron todas las grandes personalidades de la historia, incluyendo a Neruda y Borges. Nadie puede explicar porque Neruda es mejor que Borges escribiendo poesía o viceversa, esta discusión sería tediosa y nos apartaría del deleite que prodiga la lectura de sus obras. Nadie sería objetivo si califica con un diez un cuento de Borges y con un cuatro una poesía de Neruda. Esto pasa porque ambos talentos se ocuparon de desarrollar aptitudes que superan la concepción humana, que trata de cifrarlo todo en números finitos. Un personaje de una novela que estoy escribiendo dice en un momento “Voy a nombrar, Nombrar es corregir el destello”, esto quiere decir que cuando logramos definir a la realidad, encerrarla dentro de algún concepto entendible para nuestra razón, es entonces cuando atamos a la creación, y como una haz de luz petrificado la realidad se muere en un sueño quieto.

Amigo, hago todo este exordio porque la amistad que conseguimos entablar, es una de estas perlas que forman las Categorías Trascendentales. Amistad no se puede medir, no cotiza en ninguna parte, ni engrosa el currículum para conseguir ningún empleo. Pero amigo mío, la verdad es que el tiempo es mucho mas grande que cualquier vida humana y que las gotas de ese Gran reloj que los griegos denominaron Clepsidra, solo pueden formarse de esta materia duradera que es el espíritu, lo demás es olvido y muerte.

Gracias por alimentarme el alma amigo, espero no haberlo aburrido con este sermón y si es posible, continuar escribiéndonos. Un abrazo!

Para Rogni Alcocer en respuesta a su fraternal mail..

lunes, 6 de agosto de 2007

LA RUTA DEL SOLDADO

(Donde se relata la trágica suerte de Kastor, líder de la décimo tercera hilera de las fuerzas rebeldes de Clemoria. Y su agónico peregrinar errante, tras haber sido olvidado por los pocos aliados que sobrevivieron la cruenta lid)

Que el bermejo rastro que voy marcando en esta ultima procesión, sirva de huella para el expedicionario que en los venideros tiempos, condescienda a descubrir mis despojos yertos.

Con las fosas nasales todas congestionadas me voy asfixiando con el vaho lisérgico, toda la piel percudida al humo negro, se nota, apenas, mas oscura que el viento.

Voy tranquilo entre lo familiar, porque a este soplo lo recibo como otro castigo. Sin embargo, el viento nunca cargó tanto escombro.
En toda la profunda oquedad de mi alma, no guardo rencor; ni siquiera contra aquellos que me propinaron esta llaga ardiente que escupe. Acaso debido a lo baladí del reproche solitario, o quizás, porque de un modo más íntimo lo merezco. Cuando rechace el cariño encantador que Diana de Clemoria me propuso. Ahora, aquella misma bilis que hervía pelotones de sangre por las corrientes entrecruzadas de mi juventud, se arrepiente de no haber preferido aquel destino relajado, a los brazos de mi idilio, y escarmienta derramada por la arena, cada traición que condescendió en sus mocedades.

Con los pulmones llenos ¿no sé donde guardo las piedras? ¡Cómo me pesa la carne bombardeada!
Es esta caminata mortuoria, la triste ceremonia del olvido, de los hermanos amados que no van a condescender a mí rescate. De la mujer que yo mismo abandone, y de la sangre derramada sobre un espacio huérfano de Dioses que elogien mis rituales libaciones. A la madre, que recién ahora oigo nítida, acaso porque pertenezco mejor a otro mundo y ya no a esté pesado esqueleto. La pobrecita, solo ella me pide. Es la madre del cielo. Y le esta rezando al polvo cósmico, que se llevó a su hijo, para que se lo devuelva, porque la noche no le alcanza para encontrarlo entre las estrellas. ¡Vuelve! –me ruega- vos no sos de ahí, sos de tu casa. Y yo, que ya no soy nadie, la oigo impotente.

Azora la lisonja blanda del espíritu a la perfidia profunda. Es el corazón espantado que se abalanza sobre si mismo, buscando un túnel mas hondo que el océano. ¿Dónde están las almas de los suplicios inútiles? Acaso apiladas entre los cuerpos desvencijados, que en tiempos mejores auspiciaron de domicilio caliente.

He aquí el hombre, de cara a la muerte destructora.

¡Ay, que dolor!

¿A dónde voy?
A saludar el beso de la serpiente de acero
¿A dónde voy?
A ser las veces de festín de la carroña
¿A dónde voy?
A no haber sido nunca. A aparentarme con el Minotauro y la Sirena. Voy a ser un mito o un recuerdo, da lo mismo, el espíritu de aquel que no es, tampoco es celoso ni siente rencor. Voy a formar parte del numeroso catalogo de los seres imaginarios. ¿Qué puede evitar, que aun vivo, no sienta tristeza?

¡Ay, que dolor!

¡No se donde voy!, no importa, porque el dolor justifica
el dolor como ofrenda piadosa al arrepentido
el dolor como bálsamo del error
el dolor primordial, aquel que es anterior a la idea y a la duda,
aquel que es el llanto del neonato, rendido frente a la irrefutable evidencia de la vida,
Aquel que también es, el epitafio resignado del soldado, que abrazó una causa falsa, promovida por orgullosos mandones de oficio. El mismo que defendió, aquellas fantochadas demagogias, y arrastro con él la vida palpitante de sus mas queridos. Y ahora se va a morir solo, con su impotencia, pero solo, porque la vergüenza de soportar la pupila ajena sería peor castigo que el dolor... porque la nobleza masculina del dolor justifica…

Hincho por ultima vez el pecho, digiero la ultima bocanada de aire y lo contengo. Siendo que fui valiente en el ejercicio de mi oficio, decidí morirme en la misma ley blindada, que practique entre los vivos.
Ahora todo lo que soy es un blanco gigantesco, en ofrenda al último castigo pétreo. Así con las velas al viento, imaginarme a Diana orgullosa de mi sacrificio.
Así, Mate a un hombre. La fina daga de mi acero, sacio su naturaleza criminal, bebiendo del aceite que traía contenida en el pecho. En sus ojos lacrimosos me reconocí, mejor que frente a la artificial duplicación del espejo. En esa mirada fatal, se contenía un rencor, una traición, y un perdón, que no voy a conquistar ahora siendo muerto. Mi asesino, será impune de mí crimen, su condición mineral lo absuelve. A mí no me puede consolar ni el olvido, ni la muerte, porque mi afrenta es un atentado infame. ¡Pero en verdad sentencio! ¡Nada, de cuanto puedan pensar o injuriarme el llanto desesperado de todas las viudas que fui sembrando! ¡Ni todos los manuscritos dadivosos del compendio de mandamientos que transgredí, ufanado por la cólera desencadenada de mi brazo! ¡Ni la procesión amada que me reclama lejos de mis convicciones! ¡Ni todo el oprobio del mundo conjurado! van a alcanzar para que en esta hora fatal, no reviente cada célula de mi arrastrado manto, explotando en jubilo un orgullo soberbio, por la bravura salvaje que me enfrenta por ultima vez de pie, de cara a la muerte destructora, trasponiendo toda mi humana vileza, sobre la pira de cráneos crujientes, que supe acuñar bajo mi talón maldito.

¡Oh Muerte dadivosa! Haz de mí tu pecado
Te contemplo ansioso Portentosa
Si no te mueres de miedo con mi visión
Después de arrancarme de un golpe, todas las mascaras
aún así desnudo
soy mas fiero que tu guadaña

Virgen calcárea, que me enfrentas con los ojos de lechuza
¡Oh Muerte dadivosa! Haz de mí tu pecado…

_Fragmento de la novela inédita: Sailor Teseo.

martes, 31 de julio de 2007

Dice el Acta de la inmortal sesión, del 9 de Julio de 1816:

“A su termino, fueron preguntados si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los Reyes de España y su metrópolis.
Aclamaron primero, llenos del santo ardor de la justicia y uno a uno, sucesivamente, reiteraron su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fijando, en su virtud, la determinación siguiente: Nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Sur América, reunidos en Congreso General, invocando el Eterno que preside el Universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos, declaramos solemnemente, a la faz de la Tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los violentos vínculos que la ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópolis, y de toda otra dominación extranjera.”

El juramento que sellaron los padres de la Patria, resuena hoy en cada pequeño homenaje que celebramos, como un eco de gloriosa esperanza renovada ¿Pero que valor puede tener cualquier acto conmemorativo, si no nos detenemos a reflexionar el sentido verdadero y actual de nuestro homenaje?...

Si nos detenemos a pensarlo entendemos que, lo que cada uno de nuestros hijos y nosotros mismos, que fuimos concebidos en esta tierra Austral, heredamos de esos lejanos próceres, es la Identidad. Si bien, hoy nos resulta difícil hacernos a la idea, de carecer de un sentido de pertenecía a una Nacionalidad soberana. Este homenaje, nos recuerda que alguna vez fuimos colonia de un imperio, al que religiosamente debíamos tributar el favor que nos hacia, aceptando gobernarnos.

Sin embargo, el concepto de Independencia es mucho más amplio que un lugar en el Mapa. Hace ya tiempo que el invasor cambió su estrategia, ya no se muestra a los ojos de todos, con la caricaturesca imagen del indeseable tirano del momento, o bajo el cetro de algún vulgar monarca. Ahora el usurpador se infiltra agazapado en la maraña inexpugnable de jefaturas multinacionales, o con las imágenes mas seductoras nos vacía las ideas en horario estelar.

Para ser más claro, quiero decir que existen nuevos peligros que atentan con aquella conquistada “Independencia” y por consecuencia, con nuestra Identidad. Al primero lo llamo “la Amenaza Territorial”, el Otro la “Amenaza Intelectual-espiritual”.

La Amenaza territorial, la llevan a cabo las grandes Empresas Extranjeras que fomentan gobiernos cómplices, en diferentes territorios. Estos partidos políticos, cuyas campañas son solventadas por estas mismas empresas, cumplen su función, una vez alcanzado los puestos de Gobierno, entregando mansamente los recursos naturales que puedan ser explotados según las condiciones que determinen las Multinacionales. En menor o mayor medida todos conocemos este abuso, sin embargo, se nos ha hecho creer que nuestro “bienestar” depende de la una variable económica, y en este línea, se nos asegura que nuestra economía depende de la instalación de estas Empresas en territorio nacional. Como prueba visible de su poder, acostumbran henchir los espaciosos bolsillos de sus empleados con fuertes sumas de dinero, el cual, a su vez, es repartido a toda la sociedad por el intercambio del comercio. ¡Pero atención!, porque yo no sé, si todos lo que entendemos este saqueo y callamos, tentados por el abundante soborno que promete; entendemos que los mismos que manejan nuestra economía a su antojo, y hoy mandan a imprimir generosamente el dinero; son los mismos que en un giro de la suerte se van a marchar, dejándonos montones de papeles en los bolsillos que no van a valer nada, y las entrañas del suelo seco de la madre tierra ya no tendrá fuerza para darnos ese alimento que tampoco vamos a saber cosechar, porque siempre permitimos que terceros, administren nuestras propias riquezas.

El otro nuevo medio de invasión es la “Amenaza Intelectual-Espiritual”. Estamos enfrentados a este flagelo todo el tiempo. Teóricamente, sabemos que el hombre actual, se diferencia de su antepasado por su capacidad de abstracción, es decir (en primera instancia), es capaz de desarrollar un lenguaje para entenderse en sociedad. Hoy con la supremacía de la imagen que provocó el medio televisivo, estamos perdiendo esa capacidad. Cada vez necesitamos mas de la imagen explicita para entender algo, a su vez se nos dificulta transmitir experiencias personales, porque nos falta el lenguaje para expresar lo que sentimos.
Para entender la gravedad del fenómeno, repasemos un poco lo que se dijo: En un primer momento, nos plantemos que es, y para qué nos sirve la Independencia; dijimos que nos da Identidad. Ahora nos preguntamos: ¿Para qué sirve esa Identidad? La Identidad nos da carácter de persona, nos da esa dignidad que merecemos todos los seres humanos para saber que somos verdaderamente únicos e irrepetibles. Ahora, ¿cómo se construye esa Identidad? Yo les aseguro señores, que es por intermedio de la misma herramienta con la que formamos nuestro intelecto y nuestra conciencia: El Lenguaje. El lenguaje nos sirve para relacionarnos y para aprender; el intercambio de estas dos funciones, afianza nuestra Identidad.
Solo quién sabe quién es, empieza a ser Independiente. ¿Y qué hacer con esa Independencia? Darte al servicio del mundo, porque vos para conocerte previamente tuviste que aprender el potencial milagroso de cada vida humana, que a diferencia de las piedras o los árboles, puede ser única, y trascendental; eso sí, en la medida que aprendas a tolerar y sepas que en el trato con el otro esta la sabiduría que da sentido a nuestra propia individualidad. Aquel que entienda, debe salir al mundo sin miedo de mostrarse, y de seguir conociéndose a sí mismo por intermedio del diálogo. Si eres uno de estos casos, alégrate porque tu propio testimonio es esperanza. Porque si un hombre cualquiera se liberó, entonces no es imposible que se libere la especie humana… Y en el caso que fuera imposible, no me importa, porque mi espíritu es noble, y se alienta todavía más, con la dificultad de la misión que el Altísimo le encomienda...

lunes, 5 de febrero de 2007

Bitácora. Del Ángel que quiso saber de Eugenia.

Que me disculpe la mesura de los cautos, que prefieren el silencio y el recato antes que el ridículo. Porque ahora, Con el cuerpo lleno, debido a que me urge el espíritu, saliéndose de adentro; procuraré resumir la maravillosa aparición que fui testigo:

Esa tarde no era diferente a otras tantas de Mayo, rodeado de árboles dormidos y su novia la brisa, les peinaba las hojas hasta la muerte. Solo la lluvia parecía un poco mas pesada, las gotas eran flechas de mercurio, lanzadas desde una tierra bastante mas alta. Yo caminaba abstraído, en ese marco, menos hostil que bello; conocí el ángel, estaba tirado a la vera de la calle Libertadores del Desierto, todo empapado, cuando él también me encontró. Y aún castigado, lo mismo que la avenida, juntó fuerzas para hablarme.

Así, de improvisto, se dignó su Alteza Celestial a dirigirme palabras aladas que doy testimonio: comenzó a narrar una belicosa leyenda de Divinidades enfadadas, todavía mas de lo que los hombres se pelean con el prójimo, así se cruzaron los ángeles, hace infinito tiempo (y todos los días). Me develó (sin preguntárselo), su identidad Infame, no me alarmé, sus palabras resonaban angustiosas tal vez extenuado, sentí piedad de los hombres, de los ángeles y de él.

Ose interrumpir: ocurre que necesitaba saber el tamaño de la falta que había incurrido, no alcanzaba mi raciocinio, desde lo mundano, para discernir el tamaño de la herejía que podía suscitar en el cielo tal afrenta. Así junte el valor propicio, e indague.

El me respondió:
.- Quería conocer el tamaño de mi corazón...

Yo en ese momento instantáneamente comprendí, lo que todavía no entiendo.

.- Usted, que es el Enamorado –dijo-, capaz me entienda o me reprenda; da lo mismo. El mal que ustedes practican es el de intolerancia, tal vez, la secuela de interpretar mal el lenguaje. Mi falta responde a otra naturaleza.
¿Qué es el amor, Enamorado?:

No le iba a alcanzar hasta el fin de los tiempos para “aprender” a enamorarse –pensé y peque de hybris-.
Le hable de Eugenia: y con luz se me alumbraron los ojos y los labios formulaban besos que sonaban como palabras. Le dije del efecto que en mí ocasiona su presencia, del rumor ligero de esos pasos puestos siempre sobre nubes o volviendo nubes el suelo con las suelas. De sus ojos limpios que me sirven de espejos donde remendarme un poco por la mañana y la impresión de su cara recién lavada de roció contento de tocar su cara.
De sus gustos sencillos amenos a los míos. Que a menudo me despiertan sorprendidos, improvisando encima de ella, el ritual más antiguo de las especies, valido de la crema y la fresa en el ápice ardiente de dos volcanes encendidos. De la leche y la miel embadurnándole desde el vientre hasta esconderse a lo hondo del ombligo

Si a la vida vinimos por accidente (sin culpa), en que yerro si decido, tomar de las rosas los capullos y despreciar del tallo áspero las espinas, si así prefiero, puesto que entre la alegría y el llanto prefiero la risa.

Acaso usted que esta formado de otra materia -le dije-, puede resultarle incomprensible: que de noche no concibo conciliar el sueño sin su arrullo tierno. Y no que ella no este hecha de carne y sangre roja le moje por dentro las arterias, igual que yo, sucede que estoy hecho de su bienestar y supongo que si desviara un segundo su atención de este mundo, el pobre desaparecería fulminado por un rayo de nada.

.- Entonces –me dijo- vos, a vuestra manera, la quieres lo mismo que yo lo quiero a El, todavía.

.- Que merito guarda la forma mas bella si la envuelve la penumbra. Y es usted tan luminiscente -respondí con otra voz-.

Luzbel no dijo nada, lo que sintió (como a los hombres) se le escapó por los ojos. Detuvo la lluvia y se fue yendo por mis ojos hasta que miramos la misma vereda húmeda...

lunes, 29 de enero de 2007

Reivindicación de la Infancia*

En el capitulo noveno de la serie de animación japonesa, Neon Genesis Evangelion, se desarrolla una escena admirable: La misión que le habían encomendado a dos niños (Asuka y Shinji), fue un completo desastre. Los pequeños pilotos se increpan, inculpándose uno al otro, mientras tanto, el comandante no entiende como derivó a esas criaturas la misión de sostener su propio honor. Los amonesta imperiosamente ¡Nerv –les dice- no existe para dar estos tristes espectáculos! Esa reacción insospechada, de aquel señor que siempre se había mostrado mesurado frente a ellos dos, provoca que ambos se paralicen. Asuka pregunta luego a otro mayor ¿por qué se había ofuscado tanto el comandante Fuyutzuki? Kenji le contesta: “A los adultos no les gusta que los humillen”.

Esta lucida diferenciación que hace Kenji, respecto de la esencia de la adultez y la infancia, que se articula por intermedio del ridículo o la humillación, merece a mí entender, una mayor examen.

Cuando los discípulos disputaban respecto de cuál sería el más grande en el reino de los cielos, Jesús llamó a un niño y lo puso en medio de ellos y dijo: “si no os volvéis y hacéis como los niños, no entraréis al reino de los cielos”

En la madurez existe una “inocencia domesticada” que denominamos: seriedad, protocolo e incluso Honor. Sin embargo, la única posibilidad de evolución se contempla por medio de “la capacidad de contemplar el Ridículo”. Asimismo, con la madurez, nos espanta la posibilidad de cambio, y cuando lo observamos en nuestro prójimo lo censuramos por medio de la burla.

Mi amigo Martín, goza de un Alma rebelde. Su apetito no lo supo saciar ninguna de las disciplinas que abordó ávido. Su peregrinar sobre esta tierra, conoció la educación Técnica, lo sedujo el "metal" de las tendencias más “heavies”, completó estudios terciarios de música, y últimamente se había esforzado para conseguir un estilo de vida capitalista burgués, el cual consiguió rápidamente, gracias a su buena calificación en el competitivo mundo laboral. Sin embargo, actualmente, su vida, volvió a dar una revolución de 360º. Decidió buscar refugio en la religión para contener las efusiones de su espíritu. Lamentablemente, aquellos que lo conocemos reaccionamos escépticos frente a este cambio de su personalidad. Acostumbrados a observar con que rapidez mudaba su idiosincrasia, no nos detuvimos a apreciar que estas variaciones de la conducta, son a esta instancia, propias de una búsqueda inagotable de evolución.

En un barrio cualquiera de la Argentina, un muchacho le recrimina a su amigo que ingresó a la policía federal: “Vos ya no sos igual..” ¡Y yo recuso!: claro que no es igual, porque en el mínimo margen de posibilidades de cambiar, que suelen tener esos chicos, uno de ellos se permitió trascender su condición. Y en esta búsqueda solo se pierde el que se fanatiza y enloquece intolerante, o el que se domestica petrificándose en un triunfo vetusto.

Don Miguel de Unamuno, en su libro Del Sentimiento Trágico de la Vida, desarrolla el siguiente pensamiento: “... los que ponen el pensamiento sobre el sentimiento, yo diría, la razón sobre la fe, mueren cómicamente, y mueren trágicamente los que ponen la fe sobre la razón…” Como si fuera una divina venganza, son los burladores los que mueren cómicamente. Pongamos por caso un Herodes agonizante, asediado por todos los herederos que ansiaban sucederlo pronto, murió consumido por la peste, hediondo en su tálamo y repudiado por todos. Toda su gesta, temida durante su vida, no dejo más que un oprobió para toda la humanidad. En esta misma línea recuerdo una hermosa anécdota de la opereta de Alejandro Dolina, Lo que me Costó el Amor de Laura. Allí, el protagonista comenta que en una esquina se encontró con “los hombres sabios”. Estos se presentan elucubrando sus fabulosas ideas modernas y “la muerte” que es el personaje que escucha al protagonista, se ríe, en una ironía fatal y cómica, de ellos, de nosotros y de toda la Ciencia.

Asimismo, para los burlados, parece estar deparada la nobleza de la tragedia. Mi amigo (Martín) en este momento se bate, frente a una fuerte corriente. Muchos de aquellos que lo conocieron, y hablaron con él antes, hoy no le creen y lo presionan para que vuelva a ser el mismo que fue (como le pasaba al pibe de barrio unos párrafos antes). Lo mismo que los apóstoles cuando Jesús les dijo: “Mirad que yo os envió como ovejas entre los lobos” y los mandó a evangelizar la ciudades de los impíos. Del mismo modo, mi amigo teme la mirada inquisidora de aquellos que lo van a juzgar por lo que fue, como si fuera indicio de madurez del hombre, adoptar una sola ideología y sostenerla caprichosamente ¿Por qué? ¿Acaso por temor al ridículo?

Sin embargo, esa licencia que se dan los niños en el ridículo, es el medio del que se han servido las personalidades mas admirables de la historia humana, para trascender su propia disciplina. Pongamos por caso al propio Jesús de Nazaret, que habiendo nacido Judío y no conforme con esa vida tranquila, permaneció silencioso ante la gresca que lo coronaba con espinas humillantes, y fundó una religión nueva del Amor, que es salvación de todos los desdichados de este mundo. Y Pongamos por ejemplo un Gandhi, que habiéndose graduado de abogado y no conforme solo con esa vida tranquila, prefirió servir con el ayuno y la oración a su pueblo, transformando para siempre la concepción de la guerra, que había sido entendida, como principio y fin de las sociedades humanas. O pongamos por caso un Ernesto “Che” Guevara, que habiéndose recibido de médico y no conforme solo con esa vida tranquila, fue por Latinoamérica cumpliendo sueños de liberación, y hoy es ejemplo para los espíritus indómitos de Revolución. Pongamos además, por caso, un John Lennon, que siendo beatles y teniendo su vida económicamente asegurada, un día se acostó en una cama blanca, y se dio la oportunidad de trascender su propia carrera de músico, aún ante la sorna de todos aquellos que se mofaban de ese espectáculo, sin embargo, él alcanzó en vida, a adherirse en la causa de Mahatma Ghandi en favor de la Paz mundial. Unamuno (siendo él mismo un ejemplo de ministerio), nos ofrece inclusive, el ejemplo de Don Quijote de la Mancha, que repite la misma formula sagrada. “Don quijote –Dice Unamuno- se puso en ridículo, ¿pero conoció acaso el más trágico ridículo, el ridículo reflejo, el que uno hace ante sí mismo, a sus propios ojos del alma? Convertid el campo de batalla de Don Quijote a su propia alma, ponedle luchando en ella por salvar a la Edad Media del Renacimiento, por no perder su tesoro de la infancia; haced de él un Don Quijote interior y decidme de la tragedia cómica”.. “Y qué a dejado Don Quijote, diréis. Y os diré que se ha dejado a sí mismo y que un hombre vivo y eterno, vale por todas las teorías y por todas las filosofías”. Prosiguiendo con su indeclinable genialidad, Don Miguel de Unamuno se da el lujo de añadir a la mitología del famoso hidalgo un final redentor. “Murió aquel Don Quijote -dice Unamuno- y bajó a los infiernos, y entró en ellos lanza en ristre, y libertó a los condenados todos, como a los galeotes, y cerró sus puertas y quitando de ellas el rótulo que allí viera el Dante, puso uno que decía: Viva la Esperanza! y escoltado por los libertados, que de él se reían, se fue al cielo. Y Dios se rió paternalmente de él, y esta risa divina le llenó de felicidad eterna el alma.

Con esto Amigo, solo quiero entregarte mí bendición, para que continúes en esta formidable búsqueda. El “ridículo” del que van a acusarte, es la clave del “primero en el reino de los cielos”. Asimismo, no voy a censurar un solo recaudo (los cuales son proferidos para vos, y para mí también): Jamás te “cases” con ninguna verdad, por convincente que parezca, aprende a amar también el misterio, porque es infinito. Nunca señales con un dedo, porque son tres los que te apuntan a vos. No quieras sacar la paja del ojo ajeno, sino ves la viga que hay en el tuyo. Es un error que los hombres midamos nuestros semejantes por sus errores, porque de este modo no existen desafíos importantes en la vida; procura abordar al prójimo desde sus virtudes, entonces encontraras una escalera para tu crecimiento. Nunca sientas envidia, porque a los mortales, en este corto lapso del tiempo, no nos pertenece nada. Lo que sí, no olvides ni por un solo instante: admirar este regalo de conciencia, que nos Dan, para entender que somos Los Hijos De Dios.

* A mí entrañable amigo y hermano de vida, Martín Ruiz.