viernes, 5 de enero de 2007

Del Bien y El Mal. Otro milagro secreto..

Subí a aquel colectivo sin sospechar que ese acto cotidiano, escondía en verdad una prueba de una naturaleza diferente a la postura que uno podría adoptar ante cualquier acción rutinaria. Yo venía ataviado de bolsos y esta carga representaba una molestia que se acrecentaba debido al congestionamiento que permanentemente satura el transito de la terminal donde sucedió el Milagro. Eugenia me alcanzó de su cartera cinco pesos para abonar el viaje urbano al centro de la ciudad, y rauda se apresuró a conseguir asiento para los dos. Ya había ganado un lindo lugar mientras yo me disponía a abonar el pasaje. Pague con los mentados cinco pesos, pero para mi asombro aquel colectivero me devolvió un vuelto superior al dinero que yo le había dejado. Recuerdo ese instante porque fue crítico, yo desconocía la gravedad de lo que allí había sido desencadenado.

No entiendo por qué los ángeles del Señor nos sorprenden en situaciones mundanas, y no se presentan radiantes enarbolando sobre la cresta un aura refulgente, para que nosotros los advirtiéramos e inmediatamente nos dispusiéramos a adorarlos.

Algún hombre sabio dijo que la elección es anterior a la duda, los que apoyan esta escuela afirman que siempre cuando alguien se encuentra en disyuntiva frente a dos posibilidades, bastaría que el sujeto espiara en lo profundo de su espíritu hasta descubrir que la elección ya ha sido establecida con anterioridad y lo que realmente se busca ahora es, el por qué de esa elección. Sin embargo es hasta el día de hoy que yo desconozco por qué en aquel instante decisivo, cuando el colectivero me devolvía una suma superior a mí importe, yo opte por la “avivada” de aceptarlo como si no hubiera ocurrido nada.

Los Ángeles cómo las aves son criaturas aéreas, ellos no requieren del pensamiento para darle algún fin a su existencia, ocurre que en lo alto del vuelo la vida es puramente contemplativa, los horizontes infinitos devuelven una realidad imposible que solo seriamos dignos de admirar. Sin embargo, en algunas ocasiones extraordinarias, merced a una razón que desconocemos, esas entidades haladas trascienden su naturaleza y se mezclan entre los hombres.

Finalmente sucedió lo inesperado, el colectivero revisó rápidamente su recaudación y constatando que los números no cerraban, me preguntó “¿cuánto le había dado?” Ahora mi sorpresa es doble, y me devuelve la vergüenza al cuerpo, cuando recuerdo que improvise una triste farsa. Enseguida puse mi mejor “cara de tonto” y le pregunte, desde donde estaba a Eugenia, cuánto me había dado para que pague, como si yo jamás hubiera prestado atención al dinero y devolví lo que sobraba. No obstante el colectivero me siguió demostrando su educación, cuando optó por no hacer otro comentario, así la escena termino con una piadosa incredulidad cómplice.

Quizá en ese mismo momento el Ángel halla migrado de aquél cuerpo, quizá el propietario jamás se enteró de la presencia de ese inquilino tan liviano. Lo cierto es que nada puede evitar que yo entienda la importancia de lo que viví. Con el tiempo, podemos olvidar exactamente como ocurrieron los hechos de algún suceso de nuestra vida, las cosas que se dijeron en ese momento, incluso podemos olvidar a las personas que lo protagonizaron, pero jamás vamos a olvidar como nos hicieron sentir. Este episodio fue una derrota de mi espíritu. Merced algún orden cósmico desconocido que algunos llaman caos; espacio y tiempo conspiraron sus azares de tal guisa, que se me fue dada la oportunidad de existir en ese momento particular cuando tuve la oportunidad de regocijar mi espíritu, sin embargo llegado el momento opte por la mentira.

Sin embargo lo que motiva que hoy me encuentre comunicándoles a ustedes este triste suceso, no es otra cosa sino la esperanza de que, si un “tonto como yo” puede reconocer el error en el que ha incursionado y trascender por medio del reconocimiento en un hombre mejor, se podría soñar entonces que existe algún tipo de esperanza para la humanidad entera.

¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Filántropo! porque nada hay sobre la tierra que admire más que al hombre, y tampoco hay nada que me cause mas pena que el hombre desperdiciándose a sí mismo.
¡Por todo esto saludo desde hoy a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Utópico! porque esta sentencia me devuelve al arquetipo Platónico que nos regala un horizonte excelente hacia donde dirigirnos por intermedio de la Virtud.
¡Por todo esto saludo también a aquellos que, incluso con mala intención, me estén acusando de Loco! Por remembranza del loco mas celebre que ampara la historia de los Hombres. Don Quijote de la Mancha, que supo sobreponerse a todas las barreras del espacio y el tiempo, que podían haber impedido que cumpla el destino trascendental con el que logró la inmortalidad, porque si alguna vez existió la raza de los Caballeros Andantes hace tiempo se habían extinto, porque aún si hubiera existido en ese tiempo, ni el cuerpo ni la alcurnia lo hubieran contemplado Caballero. Sin embargo ese hombre o apenas ente ficticio, se sobrepuso a todo y cobro vida e inmortalidad por medio de nuestros corazones. El primero que lo comprobó fue su leal escudero Sancho, cuando el héroe agonizante en su lecho, lo instó a que volviera a su vida pasada, aquella que abandono para convertirse en escudero de un Caballero Andante. Sancho entendió en ese momento que no quería volver a esa realidad, sino que prefería seguir viviendo esta otra que le había regalo su amo. Esa vida repleta de desafíos y la grandiosa promesa de ínsulas, capaz de saciar el espíritu sediento. ¿¡Y qué otra cosa es el hombre, sino un espíritu sediento!? o lo que es mejor ¿¡qué valor puede encontrarle un hombre a su vida, si no es un espíritu sediento!?

Siempre estamos a tiempo, decía un cura, en referencia a la celebre conversión de aquel ladrón crucificado a la diestra de Jesús, que en ese ultimo deseo se arrepintió profunda y dolorosamente de todas sus faltas, y fue perdonado porque su corazón sintió alivio.
El hombre debe cuidarse solo de satisfacer su fin humano, el único fin humano es la felicidad. El hombre finalmente es puro espíritu, y la felicidad del espíritu es Amor. Por eso debemos procurar que Amor sea el primer principio y el ultimo fin humano, porque es aquello que nos reconcilia, otorgándole sentido a la vida.

Desde tiempos de Adán, el mal es aquello a lo que el hombre se ha sentenciado por su propia estupidez. El mal nunca es inteligente ¿Cómo llamarle inteligencia a aquello que nos vuelve destructores de nuestro entorno mas intimo, hasta aislarnos en el ego, solos y desesperados?
Hegel entendió la necesidad humana de ser reconocido por el prójimo. Por eso la realidad humana solo puede ser social. Cuando entablamos alguna relación sobre mociones malignas, también es para ser reconocidos por el otro, pero a diferencia del bien que lo hace sobre el fundamento de la persona y la compasión, en el mal buscamos el reconocimiento por la vía del dominio del prójimo, sin embargo solo podemos ser reconocidos por nuestros iguales, y nunca nos sentiremos sinceramente reconocidos por aquellos a los que con nuestro dominio hemos reducido a una categoría inferior a la humana, por lo cual el Mal nos sentencia a sentirnos insatisfechos para siempre.

Por lo pronto procuraré seguir esperando el momento para revindicarme con el Ángel, desconozco bajo qué aspecto se camuflará entonces, pero procuro todos los días tenderle la mano. Y cuando me la acepte seré yo el bendecido, porque lo mas profundo de mi espíritu redimido rebosará de felicidad...

1 comentario:

Raul dijo...

Pablo: El deshonesto tiene el temor de que lo descubran, y sobre todo el temor de que no lo descubran. Recuerdo que mi abuela siempre me decía: ...Si escribes algo malo, puedes corregirlo, si dices algo malo, puedes recificalo pero si haces algo malo, tu mala acción se queda contigo para siempre.
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Raúl